4. Elementos principales (n.75)
| Algunos puntos en que es preciso insistir 75. Teniendo en cuenta la especificidad de estos institutos y los medios indicados para mantenerla fielmente, su programa de formación insistirá especialmente en algunos puntos que han de ser tratados gradualmente en las sucesivas etapas de la formación. Es preciso señalar desde el principio que el itinerario de formación será en ellos menos intenso y más informal, dada la estabilidad de los miembros y la ausencia de actividades fuera del monasterio. Hay que añadir, en fin, que, en el contexto del mundo actual, se debe esperar de los miembros de estos institutos un nivel de cultura humana y religiosa que corresponda a las exigencias de nuestro tiempo. |
Dada la especificación de los institutos contemplativos en el firmamento de los institutos religiosos, el plan
de formación de los institutos contemplativos deberá contener puntos particulares sobre todo en referencia a
los contenidos a transmitir.
Aunque el párrafo no lo afirme explícitamente, del acento puesto sobre la estabilidad de los miembros y sobre
ausencia de actividad externa, se puede deducir una resonancia de la concepción del monasterio-escuela, lugar
privilegiado de formación, apreciado por la tradición monástica.
El monasterio-escuela, todavía más que el mismo instituto28, es el lugar
estable de la formación, de la persona y de la comunidad, en vista de la armonía de sus miembros, fruto de una
formación bien coordinada y recibida.
Además en la modalidad real pero informal de la formación en los institutos contemplativos es posible coger un
segundo elemento formativo tradicional, la función dinámica de la comunidad en su aspecto de realidad formada,
formadora y en continua formación.
La comunidad en efecto acoge nuevos miembros, realiza una prudente mediación hasta la total incorporación al
instituto y permite a cada uno crecer en la fidelidad al Señor según el carisma propio29, creando las condiciones para vivir en una formación continua.
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28 Cfr. PI n. 10.
29 Cfr. PI n. 27.
La vida contemplativa, que participa de la vida y de la santidad de la Iglesia30,
no debe ni puede eximirse de afrontar con toda la Iglesia los desafíos del mundo contemporáneo, razón por el
que un nivel cultural correspondiente a las exigencias actuales se requiere también para los religiosos
contemplativos en lo referente a la cultura ya sea humana que religiosa.
Teniendo presente estas realidades, las normas directivas pasan a describir los elementos principales sobre el
que los planos de formación de los institutos contemplativos deberán insistir para una formación inicial y
permanentemente homogénea, en línea con el carisma y la tradición del instituto, su puesto en la Iglesia y
lo que la Iglesia espera de ellos.
Para la índole del documento mismo no encontramos exposición sistemática de los puntos de insistencia, sino
solo el dato esencial, recibido de la tradición teológica-jurídica de los institutos contemplativos.
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30 Cfr. LG n. 43.
4.1. La Lectio divina (n.76)31
| La lectio divina 76. Más que sus hermanos y hermanas dedicados al apostolado, los miembros de los institutos íntegramente ordenados a la contemplación ocupan una buena parte de su tiempo cotidiano en el estudio de la Palabra de Dios y en la lectio divina, bajo sus cuatro aspectos de lectura, meditación, oración y contemplación. Cualesquiera que sean las palabras empleadas según las diversas tradiciones espirituales y el sentido preciso que se les dé, cada una de estas etapas conserva su necesidad y su originalidad. La lectio divina se alimenta de la Palabra de Dios, encuentra en ella su punto de partida y a ella vuelve. Un estudio bíblico serio garantiza por su parte la riqueza de la lectio. Que esta última tenga por objeto el texto mismo de la Biblia o un texto litúrgico o una importante página espiritual de la tradición católica, se trata siempre de un eco fiel de la palabra de Dios que es preciso escuchar, quizá hasta susurrar, a la manera de los antiguos. Esta iniciación requiere un ejercicio intenso durante el tiempo de formación y sobre ella se apoyan todas las etapas ulteriores. |
El párrafo se abre con la afirmación implícita que la Lectio divina es un instrumento de formación y de crecimiento espiritual para todos los consagrados32, para después enseguida afirmar de modo explícito, como para los miembros de los institutos totalmente dedicado a la contemplación tradicionalmente33 constituya una de las
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31 Para una visión de conjunto del significado de la lectio divina cfr. BIANCHI E., Pregare la parola, Bose, 1973 y BAROFFIO B., Lectio divina e vita religiosa: la Bibbia nella formazione e nella vita religiosa, en: Informationes SCRIS, 5 (1979), n. 1, pp. 122-160 que subraya la incidencia de la lectio divina en el contexto de la formación y de la vida religiosa.
32 No parezca superfluo subrayar como detrás de la presente afirmación se deba escoger los ecos de las sugerencias del Vaticano II en materia (cfr. DV n. 25) y la constatación de cómo en los últimos años la Sagrada Escritura se haya convertido en objeto de estudio frecuente y profundizado.
33 Cfr. MUNDÒ A., Las Regla monástica latinas del siglo VI y la "lectio divina", en: Collectanea Cisterciensia, 41 (1979), pp. 291-323.
principales ocupaciones de la jornada, desde el momento que debe ocupar una buena parte de su
tiempo34.
Para que este instrumento de formación pueda dar sus frutos es necesario haber introducido con una oportuna
iniciación que, destacada del ritmo de la cotidianidad, dure para toda la vida, constituyendo al mismo tiempo
el tramado sobre el que se teje la trama de la formación inicial con sus etapas sucesivas y de la permanente de
tales religiosos.
El punto de partida de la lectio es la Palabra de Dios que, asimilada por el religioso contemplativo,
se encarna en su propia vida, haciéndose criterio de discernimiento de las propias acciones y punto de partida
para un ulterior crecimiento espiritual en la escucha de la misma Palabra.
Se puede afirmar sintéticamente que la lectio divina es «vivir la Palabra que llega hasta la cumbre
del hombre a través de la lectura, entra en su existencia mediante la meditación, le absorbe sus instancias más
profundas en la oración, hasta alcanzar la máxima expansión en la contemplación de Dios y en el servicio a los
hermanos»35.
La instrucciones, teniendo presente que puedan ser entendidas o formuladas diversamente, aporta los cuatro
momentos clásicos de la lectio36, es decir, la lectura, la
meditación, la oración, la contemplación, subrayando como cada uno conserva su necesidad y originalidad, y
sin sostener que deban seguir entre ellos un orden cronológico riguroso.
La experiencia de cada uno, en efecto, no puede ser contenida en un esquema, por lo tanto al grado base de la
lectio pueden sucederle y alternarse los otros tres.
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34 Cfr. Desde un punto de vista histórico la interesante síntesis de DE
VOGUE A., La lettura quotidiana nei monasteri (300-700) en: PANIMOLLE A., Ascolto della Parola e
Preghiera (Teologia sapienziale 2), Roma, 1987, pp. 143-157.
35 BAROFFIO B., op. cit. p. 152.
36 Es difícil precisar el tiempo en el que haya sido fijado lo que en
los ambientes monásticos es definido canon de la lectio. Es suficiente pensar que ya en el siglo XII, el
monje certosino Guigo II en el tratado Scala Claustralium (Migne PL 184, 457-484), sintetizaba la
tradición de los cuatro momentos de la lectio presentándola como anterior a él y consolidad por la autoridad
de los antiguos.
Es necesario además notar como el concepto de lectio divina, así como aparece de la lectura global del
documento, es extensivo37, desde el momento que con ello pueden entenderse
no solo la lectura del texto mismo de la Escritura en un acercamiento directo a la Palabra de Dios, pero también
de un texto litúrgico o de una página espiritual de la tradición católica, que sin embargo tienen un vínculo con
la Escritura misma en cuanto eco, resonancia de la Palabra de Dios.
Sin negar que un reclamo constante de la Palabra de Dios pueda tenerse en disciplinas diferentes, el término
lectio divina, como aparece en la tradición monástica, es usado solo en referencia a la Palabra de Dios,
en cuanto la Escritura. A diferencia de todas la demás disciplinas, no es verbum de Deo sino Verbum
Dei.
Porque existe el peligro que la lectio divina pueda ser entendida como un tanto intimista y de
anti-intelectuales que interese sólo a la persona38, en el párrafo se
reconoce el valor del contributo que un serio estudio bíblico puede ofrecer tal garantía, también solo parcial,
en las confrontaciones de una recta y fructuosa lectio y, referente la lectio divina, se puntualiza
que «se interesa en primera persona al individuo, ésta implica a toda la comunidad
religiosa»39.
No aparece en el texto ninguna referencia al instrumento formativo de la collatio40, probablemente porque sea práctica solo de un determinado tipo de institutos
contemplativos.
Prácticamente la collatio es la lectio hecha a un nivel comunitario, en la cual a la escucha de
la Palabra del Señor sigue la resonancia, o sea, el compartir en espíritu de familia de aquello que cada uno
han comprendido de la lectura de un fragmento de la Escritura.
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37 Cfr. PI n. 24.
38 Esta errada interpretación podría surgir del hecho que los contenidos
concretamente expresos en el párrafo sobre la lectio divina aparecen referidos más a cada miembro de la
comunidad.
39 BAROFFIO B., op. cit., p. 140.
40 Cfr. LECLERCQ J., La récréation et le colloque dans la tradition
monastique, en: Revue d'Ascétique et de Mystique, 43 (1967), pp. 3-20.
Esta práctica para los religiosos contemplativos puede constituir un equilibrio a la lectio y un instrumento de formación de indudable validez.
4.2. La Liturgia (nn. 77-78)
| La liturgia 77. La Liturgia, sobre todo la celebración de la Eucaristía y la Liturgia de las Horas, ocupa un puesto especial en estos institutos. Si los antiguos comparaban la vida monástica con la vida angélica, era, entre otros motivos, porque los ángeles son los « liturgos »7 de Dios. La liturgia, donde se unen la tierra y el cielo y que por este hecho da como una anticipación de la liturgia celeste, es la cima a la cual tiende toda la Iglesia y la fuente de donde dimana toda su fuerza. Ella no representa toda la actividad de la Iglesia, pero es para aquellos que vacan únicamente a las cosas de Dios el lazo de unión y el medio privilegiado de celebrar en nombre de la Iglesia en el gozo y la acción de gracias la obra de salvación cumplida por Cristo, cuyo desarrollo y memorial se nos ofrece periódicamente en el ano litúrgico.8 Ella será por tanto, no solamente celebrada con cuidado según las tradiciones y los ritos propios de los diferentes institutos, sino también estudiada históricamente la variedad de sus formas y su significado teológico.78. En la tradición de algunos de estos institutos, algunos religiosos reciben el ministerio presbiteral y celebran la Eucaristía diaria aunque no estén destinados a ejercer un apostolado. Esta práctica encuentra su justificación tanto en lo referente al ministerio presbiteral, cuanto en lo que toca al sacramento de la Eucaristía. Efectivamente, por una parte existe una armonía interna entre la consagración religiosa y la consagración al ministerio y es legítimo que estos religiosos sean ordenados sacerdotes, aunque no tengan un ministerio que ejercer ni al interior ni al exterior del monasterio. « La unión en una misma persona de la consagración religiosa, que la hace una ofrenda a Dios, y del carácter sacerdotal, la configura de modo especial con Cristo que es al mismo tiempo Sacerdote y Víctima ».9Por otra parte, la Eucaristía « aunque los fieles no puedan estar presentes en ella es un acto de Cristo y de la Iglesia »10 y merece por ello ser celebrada en cuanto tal porque « las razones que puede haber para ofrecer el sacrificio no se deben tomar únicamente de parte de los fieles a los que hay que administrar los sacramentos, sino principalmente de parte de Dios, a quien se ofrece un sacrificio en la consagración de este sacramento ».11 En fin, es necesario señalar la afinidad que existe entre la |
| vocación contemplativa y el misterio de la Eucaristía. En efecto, « entre las obras de la vida contemplativa, las principales consisten en la celebración de los misterios divinos »12. |
Relacionado con la lectio, en cuanto que «la lectura de la Biblia no solo confluye en la oración»
sino que «encuentra su terreno fecundo en la insistencia orante»41,
el tema de la liturgia como punto de insistencia en la formación es tratado en dos párrafos, unidos por la
temática pero distintos en cuanto contenido.
El primer párrafo se abre con la explícita afirmación de la importancia que la liturgia tiene en la vida de
los institutos completamente dedicados a la contemplación, declarando implícitamente que ésta es un precioso
instrumento de formación.
Entre las varias celebraciones litúrgicas, la de la Eucaristía42 y la
liturgia de las horas43 ocupan un lugar importante en la vida del religioso
contemplativo, respectivamente como centro de la jornada y como santificación del tiempo.
El valor y el sentido de la liturgia se expresa en línea con la tradición patrística, en la que la vida
monástica se compara con la vida angélica, de una trama de citas conciliares explícitas e implícitas, de las
que se deduce el estrecho vínculo existente entre la liturgia y la vida de la Iglesia.
Partiendo de la referencia a las liturgias monásticas, como expresión de la liturgia angélica, la liturgia se
entiende como anticipación de la liturgia celeste, culmen et fons de la vida de toda la Iglesia.
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41 BAROFFIO B., op. cit., p. 128.
42 Para la historia practica eucarística en los monasterios con
interesantes (anotaciones=apuntes? Entre las exigencias específicas de la vida monástica y la teología de
este sacramento cfr. LAFONT G., L'Eucharistie dans la vie monastique, en: Collectanea Cisterciensia,
44 (1982), pp. 3-25 y DE VOGUE A., Eucharistie et vie monastique, en: Collectanea Cisterciensia
48 (1986), pp. 120-130.
43 Cfr. VAGAGINI C. (ed.), La preghiera nella Bibbia e nella tradiciones
patristica e monástica, Cinisello Bálsamo, 1988.
Si la liturgia es un instrumento de formación y de crecimiento para todos los religiosos que participan de la
vida y de la santidad de la Iglesia44, lo es de forma particular para los
contemplativos.
Por su función en la Iglesia, la liturgia se convierte para ellos el lugar y el medio privilegiado para celebrar
nomine Ecclesiae la obra salvífica de Cristo, en los ritmos escalonados por los tiempos del año
litúrgico.
Teniendo presente la legítima variedad de tradiciones litúrgicas que se ha formado en los diversos institutos,
las normas directrices quieren subrayar, en la unidad de la relación entre la celebración viva y cuidada y el
estudio del significado teológico de los ritos, la función propedéutica, didáctica y pedagógica de la
liturgia.
El estudio de la liturgia y la práctica litúrgica predisponen a una iniciación constante y a una inteligencia
más profunda del gesto que se celebra y de su significado teológico.
Explican esta doble acción, ya sea acompañando a la persona en la profundización, ya sea ayudándole a vivir
mejor la liturgia en su dimensión comunitaria y eclesial.
En el segundo párrafo se participa de un pasaje de lo universal a lo particular con la consideración de la
tradición de algunos institutos completamente dedicados a la contemplación en los que los religiosos son
ordenados presbíteros aunque no destinados a ejercer algún apostolado.
Esta última expresión, que está ulteriormente especificada en el mismo párrafo como total esencia de ejercicio
de apostolado ya sea al interno que fuera del monasterio, introduce una doble tentativa de justificación de
dicha práctica.
El primero, poniendo en evidencia la armonía entre consagración religiosa y consagración ministerial, concluye
con la afirmación de la legitimidad de la ordenación sin ejercicio de apostolado.
El segundo, subraya la oportunidad de la celebración de la Eucaristía no solo relacionado a los fieles sino
principalmente en relación con Dios, llama a la afinidad existente entre vocación contemplativa y misterio
de la Eucaristía.
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44 Cfr. PI n. 22.
Tal praxis, justificada con una trama de acreditadas citaciones, resulta solo indirectamente inherente al
argumento de la liturgia como punto de insistencia en el contexto de la formación de los contemplativos.
Dado el relieve de esta tradición en algunos institutos, el párrafo hubiese tenido una mejor colocación en
el capítulo VI que se refiere a los religiosos candidatos al ministerio diaconal y presbiteral, incluido
como especificación del párrafo que considera los religiosos sacerdotes dedicados a la
contemplación45.
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45 Cfr. PI n. 106.