COLLEGIUM INTERNATIONALE SANCTI BERNARDI IN URBE















PATROLOGÍA CISTERCIENSE

INICIACIÓN A LOS AUTORES CISTERCIENSES

"Mirad la roca de la que fuisteis tallados" (Is 51, 1b)







P. Alberico M. ALTERMATT O. Cist.,
Hauterive-Eschenbach

















Apuntes y notas para el
Curso de Formadores de la Orden Cisterciense
(Pro manuscripto)


Curia General de la Orden Cisterciense
ROMA - 2002


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INTRODUCCIÓN

Queridos Hermanos y Hermanas:

Es un gran gozo para mí volver a encontraros, ver de nuevo vuestros rostros radiantes y sentir vivo vuestro interés por este curso de formación que os disponéis a seguir en estas semanas y días.

El problema del título del curso

En el programa oficial mi curso tiene el título - un poco sin yo saberlo- de "Patrología Cisterciense". El título es desde luego insólito pero creo se puede fácilmente comprender el sentido que se le quiere dar. Tanto el término como la ciencia de la patrología aparecieron sólo en el siglo XVII, y por vez primera en el libro - al menos así parece- de un teólogo luterano, J. GERARD, "Patrologia sive de primitivae Ecclesiae Christianae Doctorum vita ac lucubrationibus" ("Patrología o sea de la vida y de la doctrina de los Doctores de la Iglesia Cristiana Primitiva") [Jena 1653]1. En la palabra "patrología" está contenido el término "patres": "padres". Esto hace pensar en el bello concepto bíblico de "Padres en la fe", que según el Antiguo y el Nuevo Testamento son los patriarcas de la Antigua Alianza, sobre todo Abrahán (cf. Hebr. 1,1; Rom 4). La fuente neotestamentaria de la paternidad espiritual es con todo 1 Cor 4,15, donde el apóstol Pablo declara: "Porque aun cuando tuvierais mil pedagogos en Cristo no tendréis muchos padres. Soy yo quien por medio del evangelio os he engendrado en Jesucristo. Creo que es sobre todo este pasaje que es el origen del título de "Padres", esto es, de "padres de la Iglesia", que la tradición cristiana, a pesar de la amonestación más bien severa de Cristo ("No llaméis a nadie 'Padre' en la tierra... Mt 23,9), ha dado primero a los obispos (por primera vez en el Concilio de Nicea del 325), después a los sacerdotes, a los doctores, a los responsables, de la comunidades cristianas (el "Papa", pastor universal de la Iglesia; el "abad", el responsable de la comunidad monástica), y a otros


1 Cf. H.R. DROBNER, Art. Patrologie, en: Lexikon für Theologie und Kirche, VII (31998). 1473 - 1478.

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personajes que tienen un papel importante a nivel de la vida eclesial y espiritual. La expresión "Padres de la Iglesia", tal como está incluida en el término "patrología", ha tomado el sentido de: testigos fieles, autorizados y auténticos de la tradición cristiana, de la verdadera fe (cf. Regla de San Benito, cap. 9,8: "Durante el Oficio nocturno léanse... los comentarios escritos de los Padres católicos conocidos por su ortodoxia")2. Por lo demás, la patrología como ciencia enseñada en las universidades periodiza y fija la actividad de los "Padres de la Iglesia" en el arco de seis siglos, del siglo I al VII, considerando último "Padre de la Iglesia" a ISIDORO DE SEVILLA (+ 636). Por estos motivos, el título de "patrología cisterciense" dado a nuestro curso no sería del todo correcto. Por otra parte, el gran erudito y benedictino maurino Jean MABILLON (+ 1707) ha podido escribir refiriéndose a san BERNARDO DE CLARAVAL (+ 1153) la célebre fórmula: "Ultimus inter Patres, sed primis certe non impar" (El último de los Padres, pero no desigual a los primeros", comparable, pues, a los primeros Padres de la Iglesia). Hay que concluir, pues, sobre esta cuestión que el título de "patrología cisterciense" puede ser tranquilamente defendido y lo esencial es que quede claro el sentido.
Pero en cuanto a nosotros, a nuestra tradición monástica, resulta más importante e iluminadora la figura del "Padre espiritual", esto es, la figura del "pneumatóforo" (el que lleva el Espíritu Santo), del "anciano", que desde los orígenes del monacato es el fundamento de la vida y de la estructura monástica . Y es también obvio, y no se tratará de explicarlo aquí, que la tradición monástica ha conocido también y desde los primeros tiempos "Madres espirituales", también ellas "portadoras del Espíritu Santo". Pero cuando hablamos de "patrología cisterciense" queremos decir implícitamente que todos


2 Cf. H.R. DROBNER, Art. Kirchenväter, en: Lexikon für Theologie und Kirche, VI (31997), 70-71.
3 Cf. D. MIQUEL, Être moine, París 1982, 29ss., 107ss.; A. LOUF, La voie cistercienne. À l'école de l'amour, Desclée De Brouwer 1980, 16ss., 130ss.; A. LOUF, Être formé à l'accompagnement spirituel, en: Seminarium 39 (1999) 553-568; A. SCRIMA, Il padre spirituale, Magnano 2000; V. M. FERNÁDEZ, La paternidad espiritual: ¿Discreta realidad o vacía apariencia), en: Cuadernos Monásticos 135 (2000) 447-493; J.-P. PUTOIS, Éloge de la direction spirituelle, sous forme d'anthologie, París 2001.

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estos autores y autoras espirituales del monaquismo cisterciense, monjes y monjas, son nuestros "Padres" (y nuestras "Madres"), por el simple motivo de que -para expresarnos a la manera de san PABLO - nos han transmitido "el espíritu cisterciense", "nos han engendrado a la vida cisterciense". Y a los autores cistercienses podremos aplicar lo que el gran teólogo dominico Yves CONGAR (+1996) había subrayado a propósito de los Padres de la Iglesia: "Los Padres no son hombres de un pasado ya cerrado: no es su posición cronológica en la historia de la Iglesia lo que les califica y les da tal carácter de paternidad que sirve para designarlos; es más bien su posición espiritual". Esto es, citando al Padre André FRACHEBOUD (+ 1998): "Por ellos, como por los Padres de la Iglesia, es su posición espiritual y no su posición cronológica que los acredita ante nosotros. Son la fuente de la Orden... Han... recibido del Espíritu Santo la gracia que corresponde a su institución"4.
Por lo demás fue san BERNARDO -por lo que yo sé- quien por primera vez llamó a los Fundadores de Cister: "Patres nostres" (nuestros padres), precisamente en el "Prólogo al antifonario cisterciense" (redactado hacia el 1147), donde escribe: "Entre los puntos a los que nuestros Padres fundadores de la Orden cisterciense daban más importancia hay uno sobre todo por el que han velado con celo verdaderamente religioso: no cantar para las alabanzas a Dios más que las piezas reconocidas más auténticas (...ut id canerent quod magis autenticum inveniretur)". Después, en el siglo XVII, será el cisterciense francés Bertand TISSIER (+1670) el que dé en su edición de los escritos cistercienses el título de "Patres cistercienses" ("Padres cistercienses") a nuestros autores: "Biblioteca Patrum cisterciensium" (véase más abajo). Y los primeros y más autorizados entre los escritores considerados recibirán -como veremos- el título en honorífico de "cuatro evangelistas de Cister". Personalmente, al designar a los autores cistercienses, sobre todo los de los inicios y de la edad clásica de la Orden, amo la expresión "Padres (Madres) cistercienses".



4 A. FRACHEBOUD, Les premier spirituels cisterciens, Desclée De Brouwer 1982, 7 Cita de Y. CONGAR, ibid.

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Iniciación a los autores cistercienses: una opción

Mi curso no quiere ser en el fondo otra cosa que una "iniciación a los autores cistercienses", una introducción a los grandes autores cistercienses, a sus obras y a su enseñanza (a las ideas magistrales de sus escritos). Pero -considerado el poco tiempo a nuestra disposición y teniendo también en cuenta la composición lingüística y culturalmente heterogénea del auditorio -nos vemos obligados a hacer una opción que será restrictiva. Mi idea -y también mi propuesta- es que nuestro curso de "Patrología cisterciense" o de "Iniciación a los autores cistercienses", se distribuya en dos años: en ese primer año la primera parte: I. Una introducción general a la literatura espiritual del monacato cisterciense, a los "instrumentos de trabajo", a los principios de lectura y seguidamente una presentación sumaria de los "cuatro evangelistas de Cister":BERNARDO DE CLARAVAL, GUILLERMO DI SAINT-THIERRY, GUERRICO D'IGNY, Y ELREDO DE RIELVAUX. Seguidamente, el próximo año, la segunda parte: II Una presentación por grandes jefes de los autores cistercienses más importantes, desde el siglo XII hasta el siglo XX. Y por cada autor, según la posibilidad, leeremos y analizaremos juntos algún texto.
Es oportuno recordar que los autores cistercienses forman una "grandiosa turba", por citar el Apocalipsis de san Juan (Ap. 7,9): "una multitud innumerable". El "Diccionario de los autores cistercienses", del que en algún momento hablaremos, enumera aproximadamente 3000 autores cistercienses a partir de los inicios de la Orden hasta el 1800. Obviamente, no todos tienen la misma importancia. Más bien se trata de una cifra que hace pensar. Por no hablar de la enorme cantidad de libros y estudios sobre tales autores que cada año se publican en varias lenguas en todo el mundo-: se trata, indudablemente, de una biblioteca cisterciense ¡inmensa!. De tal modo que una sola persona hoy no estaría en grado de tener una visión de conjunto, y mucho menos leer o estudiar todo. No es cierto el caso que hoy se hable de "bernardología": la lectura, el estudio de las obras y de la biografía únicamente de san Bernardo se han convertido en una verdadera ciencia de las que se ocupan los "bernardologi" que han elegido a san Bernardo como "objeto"

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principal de sus investigaciones. En algunos casos estas investigaciones, les ha empeñado toda la vida, como por ejemplo, el llorado Jean LECLER OSB (+1993), el bernardólogo "por excelencia". Este increíble número de autores y escritos cistercienses me hacen pensar en aquello que decía san Bernardo a propósito de la vastedad de la Biblia: "En este océano de la lectura sagrada el cordero camina y el elefante nada (in hoc sacrae lectionis pelago, agnus ambulat et elphas natas" (De diversis 94,2).

Iniciación a la espiritualidad cisterciense. ¿Existe una espiritualidad cisterciense?

Si este curso quiere ser una iniciación a los autores, "a los padres cistercienses", será también por esta misma razón una iniciación a la "espiritualidad cisterciense"y, si queremos, una iniciación a la mística cisterciense. Y aquí nos encontramos ante un problema casi insuperable: en efecto, qué significan los términos "espiritualidad" y "mística", dos palabras que no han entrado en nuestras lenguas modernas, sino más bien después (en el siglo XIX y en el siglo XX)?. Por increíble que parezca, nadie hasta hoy, digo nadie, ha conseguido definir de forma satisfactoria y precisa estos dos términos, "espiritualidad" y "mística". Aún tratándose de palabras de uso corriente. De este modo se hace cada vez más molesto y desanimado leer todas esas largas introducciones, más bien complicadas, que se encuentran en los manuales de espiritualidad o de mística, en las que los autores se esfuerzan, con frecuencia contradiciéndose, por explicar el sentido que para ellos asumen estas dos palabras. Hasta los más recientes diccionarios y léxicos, bajo las voces "espiritualidad" y "mística" resultan cada vez más desviantes y poco esclarecedoras. Sin embargo, una monja de nuestra Orden, Sor Michaela PFEIFER de MarienKron (Austria), especialista de GUILLAUME DE SAINT-THIERRY y profesora en San Anselmo (en Roma), ha tenido el valor de intervenir en el tentado debate de iluminar un poco. Y, indudablemente, lo ha conseguido, pero al hacerlo Sor Michaela introduce -por lo menos en lo referente a los inicios de la Orden- una nueva distinción: es decir, entre "espiritualidad" y "carisma" (término,

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según ella, más extenso que "espiritualidad", porque contiene en ella una forma de vida, la economía, la teología, la ciencia, el arte, la piedad, la artesanía, el derecho y las vestimentas)5. Un gran conocedor de san Bernardo y de la mística y de la teología medieval, el profesor Ulrich KÖPF de la universidad de Tubingen en Alemania, ha recogido la distinción propuesta por Sor Michaela, pero conservando el término "espiritualidad", su innegable valor. Escribe así: "Creo que el término espiritualidad continua designando muy bien la piedad formada (geformte Frömmigkeit) de las comunidades religiosas, también en vista de sus consecuencias en las realidades de la vida"6
Brevemente, toda una serie de palabras todavía no bien definidas (¿lo serán algún día?) cubren el campo del en este curso nos ocupamos: "espiritualidad", "carisma", "mística", "piedad", etc. Pero creo que perderemos un tiempo precioso deteniéndonos en sutiles distinciones de términos que intuitivamente comprendemos el significado. Quizá tales observaciones os parecerán inútiles, pero, es mi obligación traer a vuestra atención la existencia de toda una serie de discusiones terminológicas que parecen no tener fin.
Por cuanto me compete, entiendo el término "espiritualidad", exactamente como el Padre Edmond MIKKERS (+1993). En su artículo sobre ROBERTO DE MOLESMES en el "Dictionnaire de spiritualité" (p.738), sobre el que volveremos, explica: "La espiritualidad es la expresión utilizada con medios diferentes, de la vida espiritual de la Orden de cómo era, es y se pone en practica en los monasterios a partir de los orígenes hasta nuestros días. No se trata de un compendio doctrinal bien definido, y tampoco estable, porque sobre todo es una realidad dinámica que tiene necesidad de adaptarse a la vida de una época, a la vida de la Iglesia, a la vida de un pueblo: con otras palabras debe continuamente integrar elementos nuevos sin traicionar la inspiración propia y auténtica de los orígenes".


5 M:PFIFER
6 U. KÖPF, Zisterziensische Spiritualität im Kloster Herrenalb?, en: P. RÜCKERT/H (ed.), 850 Jahre Kloster Herrenalb. Auf Spurensuche nach den Zisterziensern, Stuttgart 2001 (= Oberrheinische Studiem 19), 123-137, aquí: 126, Ibid. 125 (nota 6) el autor testifica estudios sobre la palabra "espiritualidad".

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El elemento principal, como acabamos de decir, en el que se expresa la espiritualidad de la Orden, es decir su vida espiritual, es la literatura espiritual y teológica que la Orden ha producido en el curso de nueve siglos de su existencia. Esto es verdad en cuanto que la historia de su literatura coincide en gran parte con la de su espiritualidad.
En lo referente al término "mística", hoy generalmente viene interpretado en el sentido propuesto de un inminente especialista de la mística, el profesor Alois María HAAS de la universidad de Zurigo: es decir, en el sentido de un "conocimiento experimental de Dios (cognitio Dei experimentalis)". Por lo tanto se podría decir que "la mística" es una forma particular, densa y sublime, de la "espiritualidad".

Me siento todavía obligado de introduciros en una ulterior cuestión, la cual podría, quizá, aparecer también esta inútil (¡y creo que lo sea!), pero como existe y continua siendo propuesta, creo que no esté fuera de lugar, reproponerla también a vosotros. "¿existe una espiritualidad cisterciense?". El primero en levantar tal duda es el propio Jean LECLERCQ OSB, que creo que fuese el mejor conocedor de la literatura benedictina y cisterciense. En una colaboración suya sobre una historia de espiritualidad del Medioevo, dedicado al monacato cisterciense y titulado "La escuela cisterciense", el Padre Leclerq afirma: "... no existe una espiritualidad propiamente cisterciense, es decir, netamente diferenciada de la que se encuentra, de ser común a todo el monacato... Si no existe una espiritualidad propiamente cisterciense..., existe por mérito de Cister, una teología de la espiritualidad. Los benedictinos dejaron una teología de los misterios; los cistercienses cultivaron sobre todo una teología de la vida mística debida a la influencia de dos grandes espíritus, san Bernardo y Guillermo de Saint-Thierry, sobre todo del primero... Se estaría tentado hablar no de una espiritualidad, sino de una teología cisterciense; la cual podría sería mejor definida como claravalense".7



7 J. LECLERCQ, dans: L. BOUYER/J. LECLERQ/F. VANDENBROUCKE/L.COGNET, Historie de la spiritualité crétienne, vol. II (La spiritualité au Moyen Age), Paris 1961, 270-271.

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Lamentablemente tal "sentencia" ha hecho escuela... Confieso que el juicio de Leclercq de quien he sido amigo y por el cual mantenía y mantengo una admiración casi "obsesiva" (como él mismo me dijo en una ocasión), me deja perplejo, porque no solo para mi sino también para muchos otros, no puede existir duda alguna de que exista una espiritualidad propiamente cisterciense, así como existe ¡un "carisma", una legislación, una liturgia, una arquitectura, un canto, un arte, una economía cisterciense!. También es verdad que la fuente de la espiritualidad cisterciense es la espiritualidad monástica y, sobre todo benedictina, existe a pesar de todo una espiritualidad con características propias que la distinguen de otros tipos de espiritualidad. Para enumerar, solo algunos elementos propios a la espiritualidad cisterciense, y a modo de ejemplo, baste recordar el lugar dado a la experiencia personal y comunitaria, al subjetivismo, a la afectividad, a la Regla de san Benito y a su integra observancia, a la simplicidad y a la pobreza, a la caridad fraterna, a la vida comunitaria, a la unanimidad, a la amistad, a Cristo (a su humanidad), a la Virgen María, etc. Pero tendremos todavía durante nuestro curso, y más veces, la ocasión de descubrir juntos aquello que es "propio" de la espiritualidad cisterciense.


I. INTRODUCCIÓN GENERAL A LA LITERATURA Y AL ESTUDIO DE LOS AUTORES CISTERCIENSES.

Todavía antes de iniciar el estudio y la literatura de nuestros autores cistercienses y de conocer a través de ellos la espiritualidad de la Orden, quisiera ofreceros una breve introducción general de la literatura espiritual de nuestros Padres cistercienses: de la importancia en esta iniciación cisterciense nuestra, del descubrimiento de tal literatura en el curso del siglo XX, de los instrumentos de trabajo y de la hermenéutica de los escritos cistercienses (por lo tanto, del arte de entender e interpretar correctamente los textos).





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