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Lamentablemente tal "sentencia" ha hecho escuela... Confieso que el juicio de Leclercq de quien he sido amigo y por el cual mantenía y mantengo una admiración casi "obsesiva" (como él mismo me dijo en una ocasión), me deja perplejo, porque no solo para mi sino también para muchos otros, no puede existir duda alguna de que exista una espiritualidad propiamente cisterciense, así como existe ¡un "carisma", una legislación, una liturgia, una arquitectura, un canto, un arte, una economía cisterciense!. También es verdad que la fuente de la espiritualidad cisterciense es la espiritualidad monástica y, sobre todo benedictina, existe a pesar de todo una espiritualidad con características propias que la distinguen de otros tipos de espiritualidad. Para enumerar, solo algunos elementos propios a la espiritualidad cisterciense, y a modo de ejemplo, baste recordar el lugar dado a la experiencia personal y comunitaria, al subjetivismo, a la afectividad, a la Regla de san Benito y a su integra observancia, a la simplicidad y a la pobreza, a la caridad fraterna, a la vida comunitaria, a la unanimidad, a la amistad, a Cristo (a su humanidad), a la Virgen María, etc. Pero tendremos todavía durante nuestro curso, y más veces, la ocasión de descubrir juntos aquello que es "propio" de la espiritualidad cisterciense.


I. INTRODUCCIÓN GENERAL A LA LITERATURA Y AL ESTUDIO DE LOS AUTORES CISTERCIENSES.

Todavía antes de iniciar el estudio y la literatura de nuestros autores cistercienses y de conocer a través de ellos la espiritualidad de la Orden, quisiera ofreceros una breve introducción general de la literatura espiritual de nuestros Padres cistercienses: de la importancia en esta iniciación cisterciense nuestra, del descubrimiento de tal literatura en el curso del siglo XX, de los instrumentos de trabajo y de la hermenéutica de los escritos cistercienses (por lo tanto, del arte de entender e interpretar correctamente los textos).





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I.1 La iniciación cisterciense por medio de la iniciación a los autores cistercienses

Cada forma de pertenencia y de agregación a un determinado grupo, a una comunidad, acontece a través de una iniciación. Por ejemplo, nos hacemos cristianos por medio de la iniciación al cristianismo gracias al catecumenado y a los sacramentos de iniciación (bautismo, confirmación, eucaristía). Del mismo modo somos cistercienses por medio de la iniciación al monacato cisterciense gracias al noviciado, al tiempo de formación y a las profesiones temporales y solemnes. Esta iniciación a la vida cisterciense comprende necesariamente una iniciación a los autores cistercienses, es decir a la espiritualidad cisterciense. Esta es la razón por la que nuestra Orden exige en su programa de formación ("Ratio institutionis O.Cist.") para el noviciado, en el artículo 23 §1, que entre las disciplinas de enseñanza existan: "la historia y la espiritualidad de nuestra Orden". Y esta formación inicial permanecerá un deber permanente como se expresa en el artículo 29 de la misma "Ratio institutionis": "Toda la vida los religiosos buscarán con fervor su formación espiritual, doctrinal y práctica"8 . Y con insistencia ya las "Declaraciones del Capítulo general sobre los principales elementos de la vida cisterciense de hoy" (1968/1969) había solicitado en el nº 8: "Toda la tradición cisterciense debe tener apreciar, es decir los documentos de los orígenes cistercienses, los escritos de los eminentes maestros de la espiritualidad de la Orden, la vida de nuestros santos, la historia y la experiencia de casi nueve siglos. Todo esto exige ser esmeradamente estudiado, juzgado y considerado en nuestra obra de renovación con el mismo espíritu de fidelidad y de libertad del que hemos hablado"9.
Todas estas prescripciones y recomendaciones son continuación, es notorio, a las exhortaciones del Concilio Vaticano II en su decreto "Perfecta caritatis" sobre la vida religiosa (por ejemplo en el nº 2) que


8 "Ratio institutionis O.Cist", aprobada por el Capítulo general del 2000, en: Acta Curiae Generalis O.Cist. nº 44 del 8.12.2000, 77-81 (texto latino).
9 Esta declaración ha sido nuevamente aprobada por el Capítulo general del 2000, en Acta Curiae Generalis O.Cist. 44 del 8.12.2000, 77-81 (texto latino).

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toda la obra de renovación de la vida espiritual deba empezarse con la vuelta al "espíritu de los orígenes", así como al "pensamiento y al proyecto de los fundadores", y se deba cumplir en el respeto de una excepcional fidelidad "a las sanas tradiciones" de la Orden. A partir del último Concilio hasta nuestros días los numerosos documentos romanos sobre la vida consagrada no han dejado de repetir estos principios. Así también el documento más reciente (¡bellísimo!): "Caminar desde Cristo", publicado por la congregación para los Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de la Vida Apostólica el 19 de marzo 2002, en los nn. 20ss referentes a la primacía de la vida espiritual en la vida consagrada y en el nº 30 sobre la comunión entre los nuevos y antiguos carismas.
La iniciación al espíritu y a la espiritualidad cisterciense pasa, sobre todo, a través de una iniciación a los autores cistercienses, con la lectura y el estudio de sus escritos. Para usar una frase un poco provocativa: "No se puede ser cisterciense sin conocer y frecuentar los grandes escritos de la Orden" !Así como sucede para un carmelita, un franciscano o un jesuita, cada uno de los mencionados se iniciará en la lectura espiritual de su tradición religiosa para ser lo que realmente quiere ser: carmelita, franciscano o jesuita!. No se conseguirá acoger lo esencial del ideal y de la vida cisterciense sin pasar por los Padres cistercienses (sobre todo los primeros) y a través de sus escritos que son las fuentes de nuestra espiritualidad cisterciense. Esta es la razón de haber dado a mi curso como subtítulo, a especie de lema, la bellísima cita del libro de Isaías 51,1b: "Mirad la roca de la que fuisteis tallados"10. Tales rocas son nuestros Fundadores y los grandes espirituales de la Orden, gracias a los cuales hoy podemos decir que somos cistercienses, ¡Mirémosles!.


10 El título me fue inspirado del libro de Isaías: "Mirad la roca de la que fuisteis tallados". Documents primitifs de la Congrègation Bénedictine de Saint- Marie du Mont-Olivet. Texte latin et traduction française, par les moines de l'abbaye N.-D. de Maylis 1996 (=Studia Olivetana 6).

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I.2 El descubrimiento de los autores cisterciense en el siglo XX

Si hoy encontramos un poco por todo el mundo ediciones y traducciones de las obras de nuestros autores cistercienses, así como estudios e investigaciones a ellos dedicadas, se trata -por cuanto parezca increíble- de un fenómeno muy reciente. Efectivamente, el primero, según mi conocimiento, que haya descubierto los autores cistercienses promoviendo el estudio es un monje de los Cistercienses de la Estricta Observancia, una gran personalidad de su Orden, Anselmo LE BAIL (+1956), monje y después desde el 1913 al 1956 abad de la abadía belga Notre Dame de Scourmont junto a Chimay (Gime)11. Se hizo famoso (y para algunos de mala fama) por haber sido entre los trapistas el primer abad en favorecer-no obstante las incomprensiones y grandes resistencias al interno de la Orden- una buena formación intelectual de sus monjes basado sobre sólidos estudios. Según sus ideas, en tal programa de formación debían entrar a forma parte el estudio y la lectura de los autores cistercienses. Él mismo soñaba de poder escribir un día una "historia literaria de Cister". En el 1927 publicó un estudio sobre espiritualidad cisterciense, y creo deba resalir precisamente en esta fecha para encontrar por vez primera el uso de la expresión "espiritualidad cisterciense":
Anselme LE BAIL, La spiritualité cistercienne, in: Cahiers du cercle thomiste féminin (1927) 387-413, 463-491 (artículos recopilados en un gran volumen con el mismo título, Ubaxy 1958).

En la introducción a su libro "La espiritualidad de Cister" (Paris 1955), Padre Louis Bouyer (+) egregiamente ha subrayado los méritos de Padre Anselmo LE BAIL: "Y sin duda alguna a él" le escribe, "mucho más que a cualquier otro, que la posteridad reconocerá el mérito de haber indicado, en primer lugar a su monasterio, después a toda la Orden, los senderos de un


11 Véase: D. DUFRASNE, Un moine, un ave, une communauté. Dom Anselme Le Bail, abbé de Scourmont, 1913-1956, Scourmont 1999; K.S. FRANK, Erinnerung an Dom Anselme Le Bail OCSO, Abt von Scourmont/Belgien (1978-1956), dans: Cistercienser Cronik 108 (2001) 263-277; cf. Collectana Cisterciensium Reformatorum 19 (1957) 82-84: biographie de Dom Le Bail.

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espléndido renacimiento, y que aparentemente inicia únicamente ahora a desplegarse. Y ha sido bajo su inmediata influencia que trabajos como los del Padre Othon (DUCOURNEAU), o los del Padre Déchanet hayan podido preparar un comprensión del todo nueva del antiguo Cister. Y es a estos trabajos que nuestro presente estudio quisiera tener presentes y a estos rendirles al mismo tiempo un homenaje" (p.10).
Siguiendo entonces las ideas del Padre LE BAIL, fueron primero de todo algunos cistercienses de la Estricta observancia, por lo tanto los trapistas, a leer y a estudiar y sobre todo a traducir los escritos de nuestros autores cistercienses. En el marco de nuestro curso tendremos la ocasión de encontrar sus nombres, pero junto a Anselmo LE BAIL, quiero citar en seguida el nombre de otro famoso pionero de los estudios de espiritualidad cisterciense: el del Padre Alexis PRESSE (+1965), del 1925 hasta 1936 abad de la abadía de Notre Dame de Tamié, en la Saboya, por consiguiente en el 1936 fundador de la celebre abadía de Boquem en Bretaña, que en el 1950 se unió a nuestra Orden ( y desafortunadamente suspendida en el 1973)12.
Pero también al interno de nuestra Orden hemos tenido, al inicio del siglo XX, monjes e historiadores que han tenido la ocasión de dar a conocer los autores cistercienses y sus obras. Y es oportuno mencionar sobre todo al Padre Gregorio MÜLLER (+1934), monje de la abadía de Wettingen-Mehrerau (Austria) y fundador de la "Cisterciensier- Chronik", la primera revista cisterciense, de la que por decenios el Padre MÜLLER ha sido el redactor jefe y en la que ha publicado toda una serie de artículos sobre la historia e la espiritualidad cisterciense. Después de su muerte su obra ha sido continuada por los monjes de Mehrerau.

Pero también si se puede hablar de un redescubrimiento de los autores y de la literatura cisterciense al inicio del siglo XX, eso no significa que estos autores y esta literatura hubiese sido completamente olvidada. Pero es necesario mientras tanto decir que: primero, que ha sido sobre todo la figura de BERNARDO


12 A.FRACHEBOUD, Art. PRESSE, Alexis, en:Dictionnaire de spiritualité XII-2 (1986), 2168-2170; A. DIMIER, Art. Boquen, en: Dizionario degli Istituti di Perfezione (1974ç9, 1528.

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DE CLARAVAL el que había terminado con el dominar cada vez más la espiritualidad cisterciense y puesto en la sombra todos los otros escritores cistercienses, hasta el punto que se le atribuyó -en el curso de los siglos- numerosos escritos de los que se sabe hoy son obras de GUILLERMO DE ST-THIERRY, ELREDO DE RIEVAULX, OGLERIO DE LOCEDIO, etc. Todo se convertía, por así decir "benardino" y san BERNARDO era considerado el cisterciense "por excelencia". Se comprende entonces el esfuerzo manifiesto de algunos investigadores de hoy por "liberar" a los autores cistercienses de la opresión de san BERNARDO. Segundo, los escritos de los autores cistercienses, a parte de aquellos de san BERNARDO, eran de difícil acceso y en ediciones poco difusas, ya que eran redactadas en latín y existían pocas traducciones disponibles, su lectura era reservada a las personas de letras.
Tercero, y quizá sea el motivo más importante: en el correr de los siglos, sobre todo a partir del siglo XVII y a pesar de las publicaciones de nuestros grandes historiadores cistercienses Crisóstomo HENRIQUEZ (+1632), Ángel MANRIQUE (+1649), Charles de VISH (+1666), Bertrando TISSIER (+1670) etc. (volveremos), los cistercienses han desarrollado un gusto por las más recientes y varias corrientes de espiritualidad: espiritualidad carmelitana, ignaciana, de la "nouvelle Ecole frainçaise" (nueva Escuela francesa), espiritualidad teresiana (Teresita del Niño Jesús) y así sucesivamente. La "lectio divina", a pesar de ser un elemento fundamental de la vida monástica y benedictina, es abandonada a favor de métodos "modernos" de oración (mental) -y será únicamente hacia los años del Concilio Vaticano II que monjes y monjas redescubran el valor y el sabor de la "Lectio divina" (además ¡gracias a los jesuitas!). Los trapenses se encuentra bajo la influencia de la espiritualidad verdaderamente austera del abad Armand-Jean de RANCÉ(+1700) y más tarde del abad Augustin de LESTRANGE (+1827). Volver a encontrar la espiritualidad cisterciense a través de la lectura, el estudio y la traducción de los autores cistercienses significaba por lo tanto para el monacato cisterciense reencontrar su verdadera identidad.



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