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Dios con todos los miembros más necesitados y más débiles de la comunidad (cf. RB 72,11-12).
A partir del capítulo 58, donde recurre directamente a la expresión "búsqueda de Dios", encontramos tres concretas experiencias benedictinas de búsqueda Dios: en la oración, en el discernimiento o escucha y en los servicios concretos. Cada vez se tiene que mirar al Dios encarnado, a Cristo, que ora en nosotros y al que nosotros oramos; al que imitamos por la obediencia y a quien escuchamos; al que imitamos sirviendo, que sirve en nosotros, y al que nosotros servimos y hallamos en cada cosa. No se trata de una presencia estática, sino de una presencia que crece a través de nuestro servicio hecho con amor. Así contribuimos a hacer más intensa nuestra búsqueda de Dios. Me parece que estas motivaciones son tan válidas hoy en día como en tiempos de san Benito.
La búsqueda de Dios: hemos enumerado ámbitos diferentes - la liturgia, la oración, la Sagrada Escritura, la obediencia, los servicios -, sea dentro de la casa, sea por cuánto concierne a los enfermos o a nuestras diferentes formas de apostolado, ya que Dios está presente en cada cosa. Me parece que Benito tiene otro consejo que dar por cuanto concierne a los lugares en que buscar y encontrar Dios.



4. En las situaciones difíciles y en mí mismo

¿Qué podemos decir respeto a las situaciones? ¿Qué circunstancias favorecen mi búsqueda de Dios? Espontáneamente pensamos en situaciones buenas, santas. Me parece importante notar que evidentemente Benito no cree que encontramos solamente a Dios en las circunstancias ideales, sino en las situaciones tal como son, también en aquellas muy difíciles. El cuarto grado de humildad de la Regla describe condiciones difíciles, desfavorables, injustas; contradicciones, persecuciones, apuros y adversidades de todo tipo. Espontáneamente podemos decir que los demás ponen obstáculos a nuestra búsqueda de Dios. Sin embargo, la sentencia clave de este pasaje es: " Pero, seguros por la esperanza de la recompensa divina, siguen con palabras de gozo cuando dicen:'Mas llegamos a superar

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todo por Aquél que nos amó' " (RB 7,39). ¿Qué sucede? No es fuera o más allá de las situaciones, o al amparo de las adversidad, sino justo en medio de los sufrimientos donde tenemos que afrontar y soportar, lo que llega a ser comunicación: la experiencia de un Dios que nos quiere, la alegría y el abandono confiado. ¿Recordamos que esta cita está sacada de la Carta a los Romanos (8,31-39). ¿Qué puede separarnos del amor de Dios? Nada. Y se dice aquí: en estas situaciones experimentamos el amor de Cristo y encontramos Dios. Está en la profundidad y no en las alturas, es en la debilidad humana y no en el poder donde se encuentra a Dios y se puede tener experiencia de su amor.
Ésta está en armonía con el siguiente grado de la humildad que, a mi parecer, debería ser leído junto con el cuarto grado que trata de las adversidades en las situaciones comunitarias. No tengo que sentirme víctima, pero todas las injusticias y las contradicciones externas son para mí un espejo. ¿Qué crees poder decir respecto a ti? ¿No están quizás las raíces de todo esto en mi corazón? Entonces estoy llamado a dar un paso ulterior. Si, soy un pecador. No tengo que esconder esta realidad, sino manifestarla: son muchas las heridas, existen verdaderamente muchas perversidades en mi corazón. Y dentro de este pasaje se dice: "Reconoce tus culpas delante del Señor, porque él es bueno, eterna es su misericordia": Y entonces puedo afirmar: buscar a Dios también significa bajar a lo más profundo de mis culpas personales. Bajar de veras en profundidad. Aceptando estas oscuridades, encuentro y experimento la misericordia de Dios, el amor de Dios que se derrama con infinita abundancia, no por mis méritos, sino por su gracia.
Así encuentro a Dios y su amor dentro de mí, profundamente. Me colma de sí (RB 7,70), vive dentro de mí y hace de mi corazón su morada, como afirma el Prólogo (v.49), él obra en mí dice el Prólogo (v.30). Buscar a Dios en todas las cosas, en el pobre, en los hermanos, en todas las situaciones y también en mí mismo.



5. "Busca la paz y síguela"

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Entonces puedo pensar que, si quiero buscar a Dios, tengo que aceptar todas las cosas tal como son. Pero no es así. En esta consideración final a propósito de la búsqueda de Dios quiero añadir una expresión análoga a aquella que se encuentra en el Prólogo: " Si quieres tener la vida verdadera y eterna, busca la paz y síguela " (v. 17). Esta vez la acción no es atribuida a Dios sino a la paz. Evidentemente, en un período de guerra, Benito pensaba en la paz entre las diversas razas, entre las naciones y las confesiones religiosas. Este breve lema: "Busca la paz y síguela"es el punto de llegada de una pequeña exhortación de tipo moral en el v. 17. La invitación que viene indicada: "Preserva tu lengua de las palabras malas y tus labios de la falsedad" enseña que la paz se construye sobre la verdad y sobre la sinceridad. Y, aún más, si buscamos solo a Dios, tendremos la paz. Dios me quiere tal como soy. Él ama a todas las personas tal como son. Si he aprendido a aceptar la realidad que me rodea y la que existe dentro de mí, soy libre para buscar desinteresadamente la paz. En último análisis, la paz es Jesucristo. Y, en este sentido, los monjes suelen interpretar versículo del salmo (el ya citado Salmo 34,14): buscar por encima de todo a Jesucristo y seguirlo. De él se dice: él es nuestra paz.
Benito habla de la paz en otra circunstancia como punto fundamental de un capítulo, después de haber exhortado a ambas partes de una controversia: "y así todos los miembros estarán en paz" (RB 34,5). Por lo tanto, también lo estarán en Cristo: "Él es nuestra paz; el que de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad; anulando en su propio cuerpo la ley, sus mandamientos y decretos. Él ha formado de los dos, en su propia persona, una nueva humanidad, haciendo así la paz. Él hizo de los dos un solo cuerpo y los ha reconciliado con Dios por medio de la cruz, destruyendo en sí mismo la enemistad" (Ef. 2,14-16). La Regla nos enseña en muchas circunstancias come buscar concretamente la paz por encima de todo, y, por tanto, a buscar Dios. Benito también nos ofrece en el versículo siguiente la respuesta de Dios: "y antes de que lleguéis a invocarme os diré: «Aquí estoy»" (Pról. 18) -y es este el objetivo de nuestra búsqueda-.



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La búsqueda de Dios - el camino benedictino - es un modo muy concreto de dar la prioridad a la unión con Dios a través de breves oraciones, la Sagrada Escritura, la liturgia, el discernimiento, la escucha y el cumplimiento de su voluntad, insertándonos nosotros mismos en su plan de salvación, poniéndonos al servicio de personas distintas con diferentes capacidades, sin discriminación alguna. Es buscarlo en las personas concretas, en las situaciones tal como se presentan, duras e injustas, en todas las cosas, y por fin discerniendo en las profundidades del corazón. Y en todas estas realidades concretas buscar siempre la paz y seguirla, es esta una tarea de veras importante en nuestro mundo inquieto.
Tomando la Regla de Benito como nuestra guía, podremos dar una respuesta a los que están hoy en búsqueda. Al confesar que buscamos a Dios se revela nuestra pobreza: no "lo poseemos", pero lo buscamos con amor, y esto nos convierte en compañeros de viaje de todas nuestras hermanas y nuestros hermanos que desean oír la voz de Dios de la misma forma en que nosotros queremos oír a Dios, que nos responde: "Aquí estoy" (Cf. Pról. 18).























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