9

horas. La oración comunitaria, como bien sabemos, tiene un efecto regenerador para cada uno de nosotros y es al mismo tiempo un testimonio: sí, este Dios, que nosotros buscamos, está realmente vivo, interviene en nuestra vida y tiene en ella el primer puesto. Queremos adorarlo juntos.
La liturgia de las horas es también un espacio preferencial donde nuestro dialogo con el Dios que buscamos se hace concreto: en los salmos, en las lecturas y en los cantos. Dios nos habla por las palabras de la Escritura, al mismo tiempo, también nosotros le hablamos a través de estas palabras o por un diálogo espontáneo e interior. Ambrosio dice: "Dios nos invita a un banquete y la variedad de los platos son los diferentes libros de la Sagrada Escritura". Este banquete se nos ofrece cada día como medio eficaz de búsqueda de Dios y como espacio donde Dios nos busca. ¡Nosotros buscamos a Dios y lo encontramos en la liturgia!
Ser apasionados del Opus Dei - ésta es la expresión latina que se encuentra en la Regla de Benito - Originariamente esta expresión comprendía todo lo que Dios hace por nosotros, y nuestra respuesta a esto. En cierto modo es muy general, y puede adaptarse a la vida de todos.
Benito también nos provee algunos medios concretos. Encontramos a Dios en la Escritura, presente en la asamblea litúrgica, presente invisiblemente a mi lado para ayudarme durante todo el día. La búsqueda de Dios - el camino benedictino -: rogándolo continuamente y agradeciéndolo con las jaculatorias y con la oración interior, adorándolo en la liturgia, buscando el modo de encontrar un espacio para la lectura de la Biblia, dónde podamos conocer su corazón.


2. La escucha y la obediencia a la voluntad de Dios

Bendecido en el texto original habla de "celo por la obediencia". Sabemos que esta palabra tiene para él un sentido mucho más amplio del de la simple obediencia al superior. Inicia la Regla empleando una palabra significativa: "Escucha" que tiene un valor



10

mucho más fuerte que el del verbo "oír". "Escucha, abre el oído de tu corazón, acoge dócilmente los consejos". Los que quieren realmente buscar Dios, tratarán también apasionadamente de descubrir su voluntad. Pero ¿cuál es "la voluntad de Dios"?. Refiriéndose a la palabra griega (boulé), podemos decir: es el diseño universal de la salvación, un diseño de amor que tiene como fin el de ofrecer la salvación y la vida a mí y a todo el mundo.
Los autores griegos infravaloran el oído, porque sólo puede percibir las sensaciones una después de la otra, mientras que el ojo domina todo con una sola mirada. Filón pensó que el ojo tenía un carácter masculino, la oreja en cambio femenino. Ciertamente, la receptividad expresada al principio de la Regla hace referencia de modo particular a la mujer.
Ahora analizaré diversos grados de escucha y obediencia.



a) Silencio

No es fácil escuchar cuando se está rodeado por todas partes de ruido. ¿Como podemos lograr descifrar la voz de Dios entre tantas voces diferentes? Benito, en su sabiduría, propone el silencio, que nos es necesario de vez en cuando para encontrar la calma. A su parecer, en la misma cultura, la tarde, la noche y la mañana son los tiempos privilegiados, tal como lo es el momento en el que los monjes están libres para dedicarse a la lectura de la Biblia. El día en el monasterio propone un cierto tipo de estructura que favorece esta escucha.
¿Qué tipo de organización podemos dar hoy a nuestra vida? ¿Tenemos que abandonar completamente la sabiduría de Benito? Todos hemos experimentado a menudo el reposo que nos da, también para la salud, el alejarse de vez en cuando y dejar que penetre en nosotros el silencio y la belleza de la naturaleza, o bien entrar en una iglesia silenciosa, dónde podemos hallar la parte más íntima de nosotros mismos y a Dios. Buscar Dios también significa estar atentos a crear espacios de silencio en la vida de cada día como condición favorable.


11

b) Discernimiento

Discernir la voluntad de Dios en mi vida y en la vida de mi comunidad (o familia) es la expresión principal de la búsqueda de Dios. ¿Cuál es el designio de Dios sobre de mí? ¿Dónde están estas señales, qué quiere que haga, dónde me llama? Si Dios me llama a algo o a ir a algún lugar, me llama al mismo tiempo a una misión, y siguiéndole tendré la posibilidad de encontrar también mi personal realización y felicidad.
Pero en nosotros hay un obstáculo: lo que los padres llamaron "nuestra voluntad propia". En el monacato antiguo y también en la Regla de Benito no se habla normalmente de lo que entendemos con la expresión "voluntariamente", o "a mi gusto". Esto denota un empleo preciso, que deberemos confirmar. En cambio, emplean a menudo este término en plural, para indicar la presencia de deseos y apetitos insaciables que me arrastran aquí y allá, y me conducen lejos. También en singular, "la voluntad propia" indica un tipo de voluntad que contrasta con la voluntad de Dios, con la de la comunidad y con el bien común y que sólo que ver con mi egoísmo personal. Ellos oran a menudo así: "No como yo quiero, sino como tú quieres. Hágase tu voluntad". Siguiendo mis caprichos personales, me hago esclavo de mis deseos, especialmente de mi "yo" y me encerraré en mí mismo. Un padre del desierto decía: "La voluntad propia es como un muro de bronce levantado contra Dios (y contra el prójimo) ". Por todo esto comprendemos porqué Benito llega a decir que tenemos que "odiar la voluntad propia" (RB ) 4,60. Las personas con una voluntad propia - según el punto de vista monástico - no son capaces de seguir una vida de comunidad. Benito escribe:

"Los cuales, de dos en dos o de tres en tres, o incluso solos, sin pastor, no formando parte de los rebaños del Señor sino de los suyos propios, tomando a capricho sus deseos por ley, calificando como santo cuanto piensan o prefieren y sosteniendo que no es lícito lo que no les apetece (...) al servicio de sus propios caprichos y de las avideces de la gula" (RB 1,8-11).



12

Están así impedidos para una indispensable apertura mental y para la escucha. El ser consciente de este dinamismo negativo en mi vida me vuelve más cauto. Tengo, por tanto, necesidad de un guía, de alguien que me aconseje, de una comunidad que me ayude a emprender los cambios más significativos, que discuta mis opiniones, que me impida buscar Dios siguiendo tercamente por mi camino. EI discernimiento presupone objetividad, capacidad de reunir todas las posibles informaciones sin tratar de modificarlas según lo que me gusta o no. Escucho a los otros, lo que Dios desea comunicarme por su consejo y sus actitudes. Pongo atención a mis sentimientos, como reacciono frente a este o a aquel punto de vista. ¿Qué está tratando de decirme Dios a mí y a la comunidad? Un bonito ejemplo de este discernimiento es el capítulo de Benito sobre la convocatoria del consejo (RB 3).



c) Obediencia

El discernimiento lleva a la obediencia. Ésta es una verdad reconocida: si ya he decidido no cambiar nada en mi vida o actuar siguiendo mi personal opinión, no habrá ningún argumento que pueda obtener como resultado el discernimiento, y, por tanto, también me cierro frente a tal posibilidad y pongo un obstáculo a la búsqueda de la voluntad de Dios. El estar en cambio dispuesto a hacer lo que ha sido decidido (obediencia) es ya una condición que favorece el discernimiento. Benito es muy fuerte sobre esto: "Obre, después de oído el parecer de los hermanos" (RB 3,2).
Si pertenezco a una especial forma de vida como la vida religiosa, la obediencia significa ser sometido a los superiores. No se trata de una obediencia ciega, porque he elegido este estilo de vida como mi personal modo de buscar Dios. (Naturalmente, esto supone que las órdenes dadas no sean contrarias a la ley divina. En este caso no estamos obligados a obedecer. Pero esta no es una situación que se de normalmente). Dios nos asegura que lo encontraremos escuchándolo e interpretando su mensaje por la presencia de mediaciones humanas. Naturalmente los superiores no son los únicos

13

que tienen esta función, pues según Benito esto vale por todos aquellos que viven conmigo. Así, generaliza la obediencia incluyendo también la obediencia recíproca (RB 71). Su fuente más inmediata ordenaba a los monjes obedecer sólo a aquellos que son santos ( Regla del Maestro 3,76) pero Benito hace más general esta invitación: "Tengan a gala obedecerse recíprocamente" (RB 72, 6). Esta obediencia fundamental no depende de las buenas calidades de aquellos a los que obedezco. De otro modo, siempre acabaría examinando si las personas son merecedoras de recibir mi obediencia o si ponen primero en práctica lo que predican. En este caso siempre podría encontrar excusas para no obedecer, deteniéndome en los aspectos menos virtuosos del otro. Benito, en cambio, indica un modo para a ser libres y para llegar a Dios. Dice: " La virtud de la obediencia no solamente será tributada por todos al abad, sino que también los hermanos se obedecerán unos a otros, sabiendo que por este camino de la obediencia llegarán a Dios." (RB 71,1-2). Dejando a parte mis preocupaciones, estoy preparado para escuchar también a los más pequeños de la comunidad, de mi familia o de mi puesto de trabajo, "porque a veces el Señor revela lo más acertado al más joven." (RB 3,3).
Para Benito la obediencia es cuestión de un profundo amor a Dios (cf. RB 7,34 y 68,5). Amar a Dios con todo el corazón y con todas las fuerzas (4,1). Toda la Biblia nos dice que somos capaces de hacerlo porque Dios nos ha amado primero. Nuestra respuesta es una obediencia de amor.
Veamos un concierto ante nosotros. Cada uno tiene su propia voz y su instrumento. El que guía, el superior, es el que tiene de modo particular la función de escuchar y el que posee una visión global y da las indicaciones para moverse en una cierta dirección. Si dejamos que cada uno aporte su propia contribución, escuchando oiremos que todos juntos producen una bellísima armonía.
En una comunidad / sociedad tan variada, la obediencia recíproca comporta: capacidad de adaptarse a los otros, tener intuición, estar disponibles, estar abiertos frente a la necesidad de aportar modificaciones sensibles a nuestro modo de vivir y dóciles frente a las correcciones, descifrar el mensaje que cada miembro de



14

esta comunidad / familia tiene para mí de parte de Dios y actuar en consecuencia.
La voluntad de Dios - su plan - también nos llega a través de los "signos de los tiempos", las exigencias del lugar y las personas. Benito es un maestro de la escucha: me gusta representarlo con muchas orejas o bien, siguiendo la tradición budista, con una sola gran oreja, de modo que lo que se he oído no vaya para la otra oreja, sino que sea asimilado interiormente y meditado. La Regla nos muestra a Benito como el que presta atención al contexto religioso y social de su tiempo, a las capacidades y a las debilidades de los hermanos, a las corrientes de la teología, a las personas que vienen del exterior.



d) Discreción.

EI monacato siempre ha dado un puesto importante a la discreción. Esta palabra tiene la misma raíz que "discernimiento". En los primeros siglos la palabra "discreción" fue usada para indicar la escucha y el discernimiento. Sólo con Ignacio de Loyola aparece la palabra "discernimiento" y la palabra "discreción" pasa a un segundo plano. Interpretamos la discreción benedictina en el sentido de moderación. Sin embargo, tiene una relación fundamentalmente con el discernimiento. Benito es muy consciente de que el modo para buscar Dios comporta evitar los extremos: la virtud está en el medio. El camino de la discreción es llamado el camino real. No es un camino relajante al que podemos llegar por nosotros mismos, consiguiendo victorias con nuestra voluntad, a lo mejor también con obstinación. No, nos ponemos continuamente en tela de juicio por una parte y por otra. Por lo tanto es un camino que nos mantiene en escucha y obediencia. Me parece que este es el verdadero modo benedictino de buscar Dios, al que no es posible encontrar en los extremos. Benito define al "discreción" como la madre de todas las virtudes y exhorta al superior para que "disponga cada cosa de modo que los fuertes deseen hacer de más, y los débiles no tengan la tentación de echarse atrás" (RB 64,19). Notamos que la búsqueda de Dios para tipos tan diferentes de personas requiere moderación y discernimiento.

15

Buscar realmente a Dios - el camino benedictino: buscar la voluntad de Dios - dar la máxima importancia a la escucha de la voz de Dios, haciendo obrar el discernimiento sea solo o juntos, obedecer a las disposiciones del superior y de los otros, seguir el método de la discreción. He aquí dónde encontramos a Dios: por su voluntad, su designio de salvación, la mediación de los que han sido elegidos como responsables, pero también a través de los otros y de cada circunstancia.



3. Servicio

Como tercer criterio de la búsqueda de Dios Benito nos habla del celo por los obprobria, que traduzco libremente como una buena disposición para servir. Tendremos todavía que echar mano de viejas interpretaciones, que han tenido un gran impacto sobre nuestra vida monástica y que han supuesto al mismo tiempo una reflexión sobre la espiritualidad común en la vida de todo cristiano. Todavía recuerdo el slogan: Cuanto más sufrimos más cerca estamos de Dios. Esto puede crear una mentalidad de víctima: alguien podría esforzarse por privarse de todas las alegrías espontáneas ofrecidas por la naturaleza o el arte, en el intento de sufrir o de actuar contra todos los deseos que surgen en nosotros. La fuente de Benito era de esta opinión (Regla del Maestro): tenemos que ser sometidos a muchas pruebas en esta vida, la vida monástica tiene que convertirse en una prisión, de otro modo no podremos ser felices en el cielo. Esto implica que Dios debe ser buscado y encontrado sobre todo en la otra vida: en cielo. Por tanto, deberíamos estar contentos que existan personas que nos hacen sufrir. Según esta fuente de Benito, el superior era un torturador y ponía pruebas con el fin de hacer llegar a los monjes a ser santos, a veces también con dificultades creadas a propósito. Siguiendo en cambio las interpretaciones actuales leemos: "celo por las adversidades", "celo por las pruebas", por los reproches, por todo lo que suponga humillación: ¿pero podemos desear de veras estas cosas? ¿Es éste un modo de buscar Dios o más bien una aberración psicológica?

< anterior ^índice^ siguiente >