2. Dar la prioridad a Dios en la oración
Siguiendo con el empleo de la imagen de la oveja extraviada entre los bosques, tengo la posibilidad de invocar Dios, de confiarle mis angustias, pidiéndole que me busque, que no me abandone. Haciendo esto, experimento concretamente que todo mi ser tiende hacia Dios, del que dependo y sin el que no soy capaz de hacer nada. Benito nos enseña concretamente modos diferentes: jaculatorias, lectio y liturgia.
a) Oraciones jaculatorias
Me gusta mucho verdaderamente que Benito comprenda tan de cerca las realidades terrenales. Cuando propone una
fórmula para ser echa oración en cada momento, no es algo como: "Oh Dios, tú eres mi única alegría", y
tampoco: "Tú eres el único verdadero deseo de mi corazón", de este modo expresa directamente la búsqueda
de Dios. Probablemente habríamos elegido cualquier de tantos bellos textos de la Escritura Benito se inspira
en una expresión que ha encontrado en Casiano: "Oh Dios, ven a salvarme; oh Señor, date prisa en socorrerme"
(Cf. Coll. 10,10-11); Casiodoro, contemporáneo de Benito, nos dice que los monjes italianos en el siglo VI
no comenzaban absolutamente nada antes de haber recitado este verso. Benito inserta explícitamente esta
expresión al principio de las horas litúrgicas del día, y antes de que se inicien los servicios semanales.
Podemos pensar que era una oración que los acompañaba en cada momento.
¿Por qué en el modo benedictino de buscar Dios se encuentra esta petición de
ayuda y no una fórmula de alabanza a Dios? Benito parece decir: algunas veces podremos no tener ganas de alabar
Dios y una bello versículo, intensamente espiritual, podría hacernos sentir hipócritas; pero siempre podemos
orar: Oh Dios, ayúdame. En todas mis decisiones, acciones y situaciones siempre necesito la ayuda de Dios.
¿Cuál es concretamente esta ayuda? Benito lo describe como el consuelo e el auxilio de Dios. Esto se refiere
a las situaciones en que
nos sentimos oprimidos por cargas incómodas a las que no logramos hacer frente, y esta oración de invocación
nos hace dirigir los ojos a Dios, que está siempre dispuesto a socorrernos.
Benito dice en el Prólogo: "En primer lugar, pídele a Él con oración muy
insistente que lleve a buen fin cualquier obra buena que tú empieces" (Pról. 4). "Y pidamos a Dios que tenga
a bien concedernos la ayuda de su gracia para suplir lo que falta a nuestra naturaleza" (Pról. 41).
Buscar Dios significa: siempre rogarlo, continuamente, buscarlo, su ayuda y
su consuelo, siendo conscientes de que sin Dios no podemos hacer nada. Naturalmente esto conduce a pensar en
la imagen de un ser humano no autónomo, sino dependiente, como se pone en evidencia en el momento de la muerte.
Nuestra dignidad consiste en reconocer y admitir esta verdad. La llamaré humildad fundamental.
Al finalizar el día, una tarea o un trabajo podemos decir con la Regla de
Benito: "Bendito seas, Señor Dios, que me has ayudado y consolado" (RB 35, 16). La búsqueda de Dios y la
petición de su ayuda nos hacen más conscientes de todas las circunstancias en que recibimos su ayuda, su
gracia y su presencia, y aumenta en nosotros la gratitud.
b) Lectio
Queriendo buscar Dios haremos sobre todo empleo del libro que nos habla de sus maravillosas intervenciones y de su desmedido amor: la Sagrada Escritura. Según Benito, la Escritura es como una persona que da respuesta a nuestros problemas, a nuestra búsqueda de sentido y de Dios. La Escritura reprocha, invita, da prescripciones, nos enseña el camino, y nos guía en la búsqueda de Dios. Leyendo el Prólogo a la Regla de Benito seguimos a un parecido buscador: "Pero preguntemos al Señor, diciéndole con el Profeta: Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Y quién descansará en tu monte santo? (Sal 14,1). Después de esta pregunta, hermanos, oigamos al Señor que nos contesta señalándonos el camino del mismo tabernáculo" (Pról. 23-24):
Benito me ha enseñado que en mis problemas existenciales, debería dirigirme a la Sagrada Escritura, buscando
una respuesta del Señor, leyendo con calma hasta que encuentre una respuesta - o mismo al Señor -.
Antes de la época de Benito la lectura de la Escritura se hacía principalmente
durante el trabajo manual y repetitivo. Los monjes escuchaban a un lector, o repetían de memoria las palabras
de la Biblia. Benito piensa que este Libro Santo es tan precioso que es necesario reservarle un espacio preciso.
Él emplea frecuentemente la palabra vacar, una palabra que tiene la misma raíz de vacant y
vacation. Vacare lectioni: significa: tener un espacio libre, vacío, un período de tiempo no
ocupado sino en dedicarse a la lectura y a la búsqueda de Dios que da sentido a toda nuestra vida.
Los Padres de la Iglesia describen un método de lectura que empieza con la
simple lectura del texto, para descubrir cada vez más el corazón de Dios en la lectura, llegando a tocar al
mismo Dios. Benito no nos da ninguna teoría. Nos remite a los Padres de la Iglesia (RB 73) de los cuales él
mismo ha tomado las indicaciones fundamentales para la vida espiritual: dar un puesto de relieve y un período
de tiempo regular a la lectio, por medio de la lectura de la Sagrada Escritura como medio para buscar
Dios.
Benito también define la Escritura como "medicina divina". Todos tenemos
heridas, recibidas de los demás, de nuestro pasado, que nosotros mismos hacemos cada vez más profundas. Cada
uno de nosotros está herido por el pecado, por el egoísmo. Necesitamos encontrar un buen médico. Dios pone a
nuestra disposición este libro que tiene efectos curativos, este fármaco, y en este libro podemos encontrar
su presencia que nos devuelve la salud. Así, la búsqueda de Dios tiene como resultado nuestra curación y nos
conduce a una vida en plenitud.
c) Liturgia
El modo benedictino de buscar Dios prevé que siete veces al día nos reunamos para la liturgia: la Eucaristía y la liturgia de las
horas. La oración comunitaria, como bien sabemos, tiene un efecto regenerador para cada uno de nosotros y es
al mismo tiempo un testimonio: sí, este Dios, que nosotros buscamos, está realmente vivo, interviene en nuestra
vida y tiene en ella el primer puesto. Queremos adorarlo juntos.
La liturgia de las horas es también un espacio preferencial donde nuestro
dialogo con el Dios que buscamos se hace concreto: en los salmos, en las lecturas y en los cantos. Dios nos
habla por las palabras de la Escritura, al mismo tiempo, también nosotros le hablamos a través de estas palabras
o por un diálogo espontáneo e interior. Ambrosio dice: "Dios nos invita a un banquete y la variedad de los
platos son los diferentes libros de la Sagrada Escritura". Este banquete se nos ofrece cada día como medio
eficaz de búsqueda de Dios y como espacio donde Dios nos busca. ¡Nosotros buscamos a Dios y lo encontramos en
la liturgia!
Ser apasionados del Opus Dei - ésta es la expresión latina que se encuentra en la Regla de Benito -
Originariamente esta expresión comprendía todo lo que Dios hace por nosotros, y nuestra respuesta a esto.
En cierto modo es muy general, y puede adaptarse a la vida de todos.
Benito también nos provee algunos medios concretos. Encontramos a Dios en
la Escritura, presente en la asamblea litúrgica, presente invisiblemente a mi lado para ayudarme durante
todo el día. La búsqueda de Dios - el camino benedictino -: rogándolo continuamente y agradeciéndolo con
las jaculatorias y con la oración interior, adorándolo en la liturgia, buscando el modo de encontrar un
espacio para la lectura de la Biblia, dónde podamos conocer su corazón.
2. La escucha y la obediencia a la voluntad de Dios
Bendecido en el texto original habla de "celo por la obediencia". Sabemos que esta palabra tiene para él un sentido mucho más amplio del de la simple obediencia al superior. Inicia la Regla empleando una palabra significativa: "Escucha" que tiene un valor