COLLEGIUM INTERNATIONALE SANCTI BERNARDI IN URBE
AQUINATA BÖCKMANN
EL CAPÍTULO 58 DE LA RB
Apuntes y notas para el
Curso de Formadores de la Orden Cisterciense
(Pro manuscripto)
Curia General de la Orden Cisterciense
ROMA - 2002
El capítulo 58 de la RB
Sr. Aquinata Böckmann OSB
Itinerario para la incorporación de los hermanos en la familia monástica.
INTRODUCCIÓN
Evidentemente, el capítulo 50 de la RB es muy importante porque prepara para la profesión solemne. Aún más, según mi opinión, lo es mucho más para la mayor parte de nosotros, que ya hemos hecho los votos solemnes hace años.
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1 BÖCKMANN, A.: Perspektiven der Regula Benedicti, Vier-Türme-Verlag Münsterschwarzach, 1986, p.
La posición del c. 58 dentro de la Regla
El crecimiento y el desarrollo de cada comunidad están estrechamente ligados con la correcta introducción de los miembros jóvenes en la vida monástica y a su sucesiva formación. Se presupone que un capítulo que trata de la preparación de los nuevos miembros, deja entrever algunas cosas propias de la vida religiosa que ellos pretenden abrazar. Cada capítulo sobre la formación de nuestras constituciones es considerado dentro del conjunto y bajo el prisma de los otros capítulos. Del mismo modo se debe proceder en cuanto al capítulo 58 de la RB.
El capítulo se encuentra en la sección de la Regla que trata de los aspectos de la vida de la comunidad y en el centro
de aquella parte que contempla las relaciones del monasterio con el mundo exterior, comenzando con RB 53. En el capítulo ti
se habla de los "huéspedes" especiales, es decir, aquellos que desean entrar en el monasterio para toda la vida. Este
capítulo pone base para los sucesivos: RB 59: "Los hijos de los ricos o de los pobres ofrecidos a Dios en el monasterio";
RB 60: Los sacerdotes que quisieran establecerse en el monasterio; y RB 61: "Cómo recibir a los mojes forasteros".
Cada uno de estos capítulos comienzan con la expresión "si quis".
Excursus: La RB en la tradición que se basa en la Sagrada Escritura
Con la acogida de nuevos miembros, su preparación y definitiva incorporación a la comunidad, san Benito se inserta en una larga tradición que basa sus raíces en las Sagradas Escrituras.
Jesús llama a los primeros discípulos mientras cumplen con sus obligaciones (Mc 1,16-20) y ellos, a su llamada, dejan propiedad, trabajo y familia. Un poco más adelante el mismo evangelio nos cuenta la institución de los Doce (Mc 3,13-19), los cuales son nombrados por Jesús para que estén con él y también para ser enviados a predicar. Después de la resurrección, a pesar de su abandono, él los confirma de nuevo. La llamada del Señor es un don gratuito, no merecido (Jn 21,1-19).
El contenido del seguimiento está completamente determinado por la persona de Jesús. Los discípulos viven con él, lo siguen en sus viajes, comparte s vida y, finalmente, también su destino. Son servidores de Él y del reino. El seguimiento de Jesús se desarrolla en la comunidad y los discípulos continúan su empresa y proclaman su mensaje.
Jesús no les ahorra las crisis (Cf. Jn 6,60-71); los anuncia con franqueza las cosas que van a encontrar él y ellos (Mc 8,31-37), pero, a pesar de sus resistencias, no les abandona. Los momentos de crisis son períodos de una nueva llamada más profunda. Al final, Jesús les interroga con una sola pregunta decisiva: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres más que estos?" (Jn 21,15-17). Él introduce gradualmente a los discípulos respetando su nivel de maduración. Ellos asisten a sus milagros y a sus predicaciones y participan ya de su misión, además de todo esto, los dedica un tiempo de enseñanza particular.
El Nuevo Testamento, en su desarrollo, muestra evidente la llamada de todos los cristiano al seguimiento de Jesús. Pero, en el interior de las llamadas ordinarias, existen llamadas particulares, que
inducen a los discípulos a abandonar su ambiente habitual, haciendo imposible cualquier otro empeño profesional. Viudas y vírgenes realizan el seguimiento inicialmente de modo que continúan viviendo en Comunidad. La tercera Carta de Juan menciona también profetas itinerantes. Una forma radical de seguimiento es, para el cristianismo primitivo, además, en el martirio.
El corazón de Antonio queda tan intensamente golpeado por la palabra del evangelio que invitan al seguimiento de Cristo, que deja no solo la propiedad y la familia, sino también el espacio vital de la comunidad cristiana para retirarse al desierto (Vit. Ant. 2-3). Muchos siguen su ejemplo. No tienen todavía reglamentes en cuanto a la acogida de quien se presenta para iniciar la vida monástica. Se trata simplemente de un seguimiento radical, que comprende en germen dos elementos: la entrega a Cristo y la renuncia al "mundo", o sea, a la propiedad, a la riqueza, a la familia y al matrimonio, pero también a la vanagloria, a la ambición, a la búsqueda de poder y al egoísmo. San Benito dirá. "Hacerse extraño al modo de pensar y de actuar del mundo" (RB 4,20) y "no anteponer nada al amor de Cristo" (RB 4,21), como también "renunciar totalmente a uno mismo para seguir a Cristo" (RB 4,10). Emprender la vida monástica significa llegar a ser extraño al "mundo" y partir, como Abraham2, dando al pasaje de Gen 12,1 la siguiente interpretación: deja tu patria equivale a decir los bienes terrenos y la vida según la carne; deja tu familia, es decir, los vicios y las costumbres del pasado; deja la casa de tu padre, en otras palabras, todo recuerdo, y renuncia al diablo3. Es necesario llegar a ser extraños a todo aquello que obstaculiza el seguimiento de Cristo: al diablo y a sus obras, a las actitudes y a las costumbres de antes, a las
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2 Cf. JERÓNIMO, Cartas 125,20,5,CSEL 54-56: "Exi cum Abraham de patria et
de cognatione tua et perge, quo nescis, si habes substantian, vende et da pauperibus". Ibidem, Epistulae 71,
2,3 CSEL (Corpus scriptorum christianorum latinorum), Viana, 54-56; Leandro de Sevilla, De institutione virginum
et de contemptu mundi, p.21,PL 72.
3 Cf. CASIANO, Juan, Coll. III, 6; Cesáreo, Sermones, 81,4(en el contexto de
81,1-3), Corpus Christianorum, Serie Latina, Turnhout-Paris, 1953 ss,p. 103-104; Ambrosio, De Abraham, II, 1, 2-3, CSEL 32,1.
alegría mundanas, a los parientes de sangre y, en fin, a uno mismo, a las pasiones y a la vanagloria (ver Basilio, Reg. 4).
Los ritos monásticos de acogida muestran concretamente el concepto de seguimiento. En la antigüedad, para entrar en el estado monástico era suficiente vestir el hábito. Este se podía tomar por uno mismo, o - en la mayor parte de los casos- era entregado por el padre de la comunidad. Tal gesto comprendía todo: la renuncia a toda propiedad, al matrimonio y a la propia voluntad, la decisión de llevar una vida monástica en el seguimiento de Cristo y de perseverar en ella (Cf. Gregorio Magno, Dial. II, 1,4).
El aspirante que se presenta a la puerta del monasterio e san Pacomio "quedará fuera, delante de la puerta, por algunos días; allí se le enseñará la oración del Señor y los salmos que consiga aprender" (Praecepta 49), será examinado a cerca de su vida anterior y sobre sus motivaciones, "si está en grado de renunciar a sus padres y despreciar los propios bienes" (ibid.) y se puede añadir los deberes del estado monástico. Después de una especie de noviciado verá "unido a los hermanos: se le despojará de los vestidos seculares y lo vestirán con el hábito de los monjes; será después confiado al portero para que en el momento de la oración lo conduzca ante todos los hermanos y se sentará en el puesto asignado (ibid.)"4.
Sal Basilio (Regla mayor 10) afirma que "no carece de riesgo rechazar a los que por medio de nosotros se acercan al Señor", trayendo la palabra de Jesús: Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré (Mt 11,28). Pide que se examine la vida pasada del candidato y sus motivaciones, como también si está "pronto para humillarse en toda ocasión, así como para aceptar también los trabajos más viles (obprobria)"5 y si tiene deseo del Opus Dei. San Basilio no habla directamente del rito de
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4 CREMASCHI, Lisa, Pacomio y sus discípulos, Regla y Escritos, Ed. Qiqajon, Com. de
Bose, 1988.
5 NERI, Humberto, Obras Ascéticas de Basilio de Cesarea, Classici Uter,
1980 p.257
acogida, pero alude a una profesión que se hace delante de Dios y que no se debe traicionar6. Profesión que comprende la virginidad, la renuncia al acatamiento al mundo, la humildad, la conformación con Cristo, en pocas palabras: la vida monástica.
En las Istituzioni cenobitiche de Casiano se afirma que el joven, que ha renunciado al mundo, "no será acogido antes de haber transcurrido diez días y aún más en la puerta del convento, dando así muestras de su perseverancia". Debe saber tolerar las injurias y las injusticias que se le inflijan. Conducido después "en medio de la asamblea de los hermanos, se le despoja de los propios vestidos y se le reviste del vestido propio del monasterio", que es para él como el signo de ser "abajado al nivel de la pobreza y de la indigencia de Cristo". Seguidamente, es confiado a la guía del portero por un año. Deberá atender a los peregrinos y a cuantos vengan, ejercitándose así en la humildad y en la paciencia. Sólo entonces será "agregado al número de los hermanos"7.
La profesión más antigua se remonta probablemente al padre egipciano Scenute de Atripe (+ h. 466). En ella el candidato promete ejercitarse en los deberes de la vida cristiana. De aquel ambiente nos llega también el primer testimonio de un documento escrito8.
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6 Regula 7. Cf. Reg. 7, T: "virginitatis professionem… firmare".
Epístola 119,19 requiere una "profesión" clara y explícita.
7 CASIANO, Juan, Instituciones cenobíticas, IV, 3-7, Colección de
Espiritualidad Monástica, Ed. Monte Casino, Zamora, 2000. Cf. también Inst. IV, 32-36.
8 Del Abad Scenute, en STEIDLE, Die Regel Benedikts, Beuron 2, 1952, p. 287:
"Cuando eran 30 o más hermanos, él los reunía a todos juntos y los hacía emitir una profesión escrita: debían ser
como un solo miembro, tanto en el comer como en el vestir, no haciendo distinción alguna entre ellos y sin separarse
en sus ocupaciones, tanto físicas como espirituales. Después escriben también un juramento, con el cual prometen
actuar en todo según los preceptos y las disposiciones del santo hombre del que hemos hablado antes, Abad Pgol y sus
sucesores. Da autenticidad a tal voto, después que lo toma y ordena que sea custodiado como fórmula estable de alianza
para las sucesivas generaciones de la comunidad de su monasterio" (Fórmula). Ibidem: "Prometo a Dios en este santo
lugar, siendo testigo la palabra que sale de mi boca: no quiero manchar mi cuerpo; no quiero robar; no quiero hacer
falso juramento; no quiero hacer secretamente el mal. Si trasgrediera esta promesa, no
En la Regla de las Galias se pone el acento sobre la renuncia a la propiedad y sobre la lectura de la regla9.
La Regla del Maestro pone en seguida dos condiciones para la acogida. En todo cada caso, a pesar de algunas contradicciones, emergen los siguientes elementos: no se concede enseguida el ingreso en el monasterio, sino que un largo discurso desfavorable del abad presenta al aspirante todas las dificultades que lo esperan. El monasterio es una escuela de sufrimientos, un servicio de guerra, un martirio, una cárcel, una muerte rápida, una prueba que dura toda la vida, para merecer gozar un día las delicias de la vida eterna. Después de la lectura de la Regla, el candidato promete obediencia y es acogido por un determinado período de prueba. Amplio espacio se deja a la cuestión de si el nuevo hermano ha renunciado a toda propiedad, porque su voluntad propia no tenga modo de afirmarse, y si él verdaderamente no esconde nada. También preocupa mucho que él no robe ningún bien del monasterio. Por dos meses el aspirante vive en la hospedería, mientras trabaja con los hermanos; después pronuncia una promesa oficial en el oratorio y el acta de donación de sus bienes se pone sobre el altar. Con este gesto el candidato se ofrece con todo el corazón y con toda el alma al Señor a través del monasterio. El "Recíbeme" se sigue de los versos y del beso de paz. Después el hermano es acogido en el monasterio y es confiado al decano. Solo un año más tarde recibe la tonsura y el hábito.
quiero ir al cielo, incluso habiéndolo visto: Dios, ante cuya presencia pronuncio esta promesa,
aniquilará entonces mi cuerpo y mi alma en el fuego del infierno; porque habré trasgredido la promesa que he hecho" (p. 286).
9 Cf. la Regula quattuor Patrum II, nº 18-35: Quien se convierte del mundo debe
sobre todo "amputar las riquezas" (...), permanecer "a la puerta por una semana" y ser examinado a cerca de su humildad y
su paciencia. Se le lea la Regla y se le instruya sobre la vida monástica. SC 297; PL 103. La Regula Macharii, SC 297;
PL 193, nº 23 menciona la lectura de la Regla y la renuncia a los bienes materiales. En la Regula ad virgines de
CESÁREO DE ARLÉS, Morin II, o también Morin, Florilegium Patristicum, 1933, se encuentran los siguientes elementos:
la renuncia al mundo, la estabilidad en el monasterio, la frecuente lectura de la Regla, la probación de un año bajo la guía
de una hermana anciana y solamente entonces la vestición como signo de renuncia a cualquier propiedad.