146. Juan lee la doctrina de los padres, según ésta, a la humildad se llega a través de la penitencia corporal en su propia clave en torno a la obediencia que aleja de la soberbia:
Los nervios que fortalecen la humildad y los caminos que conducen a ella son la no posesión, el exilio voluntario y secreto, el encubrimiento de la propia sabiduría, la simplicidad en las palabras, la petición de limosna, el silencio sobre la nobleza de nacimiento, la renuncia a la ligereza de palabras y de actitud, el alejamiento de la habladuría.
¿Qué es para Juan Clímaco la humildad?; él mismo nos da la respuesta:
La humildad es un sifón celestial que puede aspirar el alma desde el abismo del pecado y elevarla hasta el cielo. Alguien vio un día en su corazón la hermosura de la humildad y, lleno de admiración, le pidió que le dijera el nombre del que la había engendrado. Ella con una sonrisa luminosa y serena le dijo: "¿Por qué quieres saber el nombre del que me engendró? Él no tiene nombre y no te lo diré hasta que no poseas a Dios". A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. El abismo engendra el manantial y el manantial del discernimiento es la humildad.
4.7. Discurso XXVIII: Sobre la santa oración.
El séptimo discurso del que hacemos la lectura es el vigesimoctavo, sobre la oración. Pertenece al quinto grupo de los discursos, el último grupo, sobre la unión con Dios (XXVII-XXX).
Exhortación final.
Nos detenemos solamente en el discurso XXVIII, sobre la oración. Como siempre Juan da definiciones sobre la virtud o el vicio de que quiere hablar, en este caso de la oración, definiciones como siempre in genere, y pasa enseguida a casos de que puede tomar de ello ejemplo o bien de la propia experiencia.
188. Juan presenta las definiciones dadas sobre la oración en relación con Dios, después en relación con el monje que ora:
La oración es, en cuanto a su naturaleza, la conversación y unión del hombre con Dios y, en cuanto a su eficacia, la conversación del mundo y su reconciliación con Dios; la madre y también la hija de las lágrimas, la propiciación por los pecados...Para el que ora verdaderamente, la oración es la corte de justicia, la sala del juicio y el tribunal del Señor antes del juicio futuro...
Para Juan Clímaco, aquí encontramos de nuevo el punto sobre el que insistes bastantes veces, la oración solicita la purificación del rencor y la simplicidad:
Cuando te vas a presentar delante del Señor, que la túnica de tu alma sea toda entera tejida con el hilo de la ausencia del rencor.
De otra manera no sacaras ningún provecho de tu oración. Ora con toda simplicidad...
Existen diferentes modos de oración127: dirigirse a Dios como amigo y
dueño con la alabanza y la oración; la solicitud de riqueza y de gloria; la liberación del enemigo; ventaja
de cualquier dignidad; la remisión de las deudas; la liberación de la cárcel...
189. Juan Clímaco centra en dos los escalones o niveles de la oración: la acción de gracias y la confesión:
Sobre el pergamino de nuestra oración escribamos ante todo la acción de gracias sincera. En segundo lugar, la confesión de nuestras faltas y una contrición del alma profundamente sentida...
En este párrafo Juan presenta realmente lo que desea que sea la oración, hecha en la pureza, la simplicidad, la humildad y la libertad:
No busques hablar mucho durante la oración, no sea que tu espíritu se distraiga buscando palabras. Una sola palabra del publicano aplacó a Dios y un solo grito de fe salvó al ladrón. La locuacidad en la oración dispersa a menudo el espíritu y lo llena de imágenes; en cambio, la repetición de una misma palabra ordinariamente la recoge... Si una palabra de tu oración te llena de dulzura o de compunción, persevera en ella, porque entonces nuestro ángel de la guarda está ahí... Aunque hayas alcanzado una gran pureza, no seas demasiado confiado; acércate más bien con una profunda humildad y recibirás una confianza todavía más grande... El aceite y la sal sazonan los alimentos; la templanza y las lágrimas dan alas a la oración. Si te has vestido de dulzura y estás libres de toda cólera, no tendrás mucha pena para librar a tu espíritu de la cautividad...
En el mismo párrafo, Juan todavía se detiene en el tema de las distracciones en la oración.
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127 Este es el punto final del párrafo según la tradición de Riggi,
que es en cambio el principio del párrafo 189 en la traducción de Ignesti y de Trevisan.
190. Juan distingue la oración hecha por los cenobitas de la de los eremitas:
Una es la exultación que sobreviene en el tiempo de la oración en los que viven en comunidad y otra la que se produce en los que oran en la hesiquía. La primera está posiblemente mezclada de imaginaciones, pero la segunda está llena de humildad.
Juan todavía alude a la actitud interior y exterior de la oración128.
Si no estamos solos en el tiempo de la oración, formemos dentro de nosotros la actitud de súplica. Pero si nadie está con nosotros que pueda dirigirnos alabanzas, tomemos hasta exteriormente la actitud de suplicantes. Porque en los que son imperfectos el intelecto se acomoda a menudo a su cuerpo...
Dios es el verdadero guía de la oración del monje:
Rechaza tus propias voluntades y, despojado así, acércate al Señor en la oración, no implorando más que su
voluntad. Entonces recibirás a Dios que tiene el timón de tu alma y te conducirá seguramente... La fe da alas
a la oración; sin ella, en efecto, no podemos volar al cielo.
191. Juan Clímaco insiste sobre la perseverancia en la oración. Para él la oración no atendida es buena,
de la misma manera que la exhortación hecha a otro contra un vicio que éste tiene, origina ventajas a sí mismo
para vencer el mismo vicio:
No digas, después de haber perseverado largo tiempo en la oración, que nos has llegado a nada; porque has
obtenido ya un resultado: ¿qué mejor bien que unirse al Señor y perseverar sin descanso en esta unión con
él?... No rehúses cuando alguno te pide que ores por su alma, aunque no poseas la oración; porque a menudo
la fe del que pide salva al mismo tiempo al que ora por él con contricción. No te
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128 También aquí existe un problema de traducción; en la traducción
falta un "no" en la frase: "Cuando en tiempo de oración (no) nos encontramos solos..."; seguimos la traducción
de Ignesti.
enorgullezcas si tu oración por otro es escuchada; porque es su fe la que ha sido poderosa y eficaz.
Juan se reserva siempre la prevención contra la soberbia y la vanagloria.
Juan también se refiere al tema de la oración del corazón, a la oración como don de Dios en un corazón libre
de la ira:
Prepárate por una oración incesante del alma a los momentos que consagras a la oración y harás rápidos
progresos. He visto a algunos que brillaban por su obediencia y se esforzaban tanto como podían en guardar
en su intelecto el pensamiento de Dios; en el momento de la oración podían recoger enseguida su espíritu y
derramar torrentes de lágrimas, porque estaban preparados de antemano por la santa
obediencia129. Todo intelecto cada vez que ora con razón es interrogado
sobre lo que ha hecho de la fuerza que ha recibido de Dios. Cuando hayas orado con atención tendrás enseguida
que combatir movimientos de cólera. Es ahí donde nuestros enemigos nos quieren conducir. Pero debemos practicar
siempre todas las virtudes y sobre todo entregarnos a la oración con mucho sentimiento interior. Es cuando el
alma ora con este sentimiento cuando domina su irascibilidad. Lo que ha sido por una oración frecuente y
prolongada está a la prueba del tiempo.
192. De este párrafo querría subrayar diría la relación totalizante de la oración en el monje; la oración
transfigura al que ora, y la trasfiguración está ligada a toda la persona:
Es por lo que algunos salen de la oración como si salieran de un horno encendido y ardiente y sienten
cómo se han aligerado da alguna mancha y todo lo material, mientras que los otros salen resplandecientes de
luz y revestidos del doble manto de la humildad y de la exultación. Pero los que salen de la oración sin haber
sentido ninguno de estos dos efectos han orado corporalmente, por no decir
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129 Juan propone aquí los temas que serán retomados de la tradición
"oración e Jesús"; aunque Clímaco no ha sido recogido por la Filocalia, este discurso habría que integrarlo.
judaicamente, no espiritualmente. Sin un cuerpo ve su propia manera de actuar inmutada al contacto con otro cuerpo, ¿cómo no quedará inmutado quien toca el cuerpo de Dios con la manos puras?
193. Juan concluye el tema de la oración. Insiste sobre la perseverancia en la oración, sobre algunos
aspectos prácticos, sobre la oración adaptada a cada uno, y concluye:
Ten valor y tendrás a Dios mismo por maestro de tu oración. Es imposible aprender a ver por medio de
palabras, porque ver es un efecto de la naturaleza. Tampoco es posible aprender la belleza de la oración
por la enseñanza de otro. La oración no se aprende más que en la oración y ella tiene a Dios por maestro,
él, "que instruye al hombre" (Sal 93,10), que le concede el don de la oración al que ora y que bendice los
años de los justos (1 Sam 2,9).
4.8. Discurso al Pastor.
Después del discurso XXX y la breve exhortación, encontramos en la conclusión / epílogo de la Escala del Paraíso una carta o sermón -λογος- de Juan Clímaco al Pastor, es decir, a Juan de Raitu, el que le había pedido el corpus de los discursos130. Mientras que en los 30 discursos se ha dirigido a los monjes cenobitas o bien ha hecho referencia a los esicastas -solitarios-, en este texto se dirige a uno que tiene la función de higúmeno -probablemente también de padre espiritual- de una comunidad. Es un texto que en cierto modo constituye la conclusión de la Escala, no da una definición del padre espiritual o del higúmeno, ni de su función, ni de su relación directa con los monjes; simplemente se dirige al padre espiritual/ higúmeno y le da simples indicaciones:
Haciendo una lectura del texto podemos sacar las líneas propuestas por la figura de padre espiritual / higúmeno131.
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130 Cf., CLÍMACO, La escala, ob. Cit., pp.
322-343 (vers. Española).
131 Para Juan Clímaco, y para todo el monacato oriental hasta hoy,
el padre espiritual es la figura carismática de la comunidad -puede ser o no ser el higúmeno, esto no
tiene importancia-, es el que guía espiritualmente la comunidad, y está a