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Juan Clímaco ofrece una lista más larga de los vicios de cuánto ofrece de ellos Evagrio Póntico con sus ocho vicios capitales118.

Ocho son los pensamientos que generan los vicios: en ellos se contienen otros pensamientos: el primero es el de la gula; seguidamente el la fornicación; el tercero es el de la avaricia; el cuarto el de la tristeza; el quinto, la cólera; el sexto, la acedía; el séptimo, la vanagloria; el octavo, el orgullo119.

Probablemente Juan conoce los textos evagrianos, se sirve de ellos, pero voluntariamente se aleja por razones doctrinales -desde el 553 pesa una condena sobre Evagrio- y también por razones de la propia experiencia. Evagrio era eremita y "seguía" espiritualmente a algunos discípulos, mientras que Juan es superior de una comunidad cenobítica y conoce por experiencia todas las realidades y pormenores. Clímaco presenta una lista de dieciséis vicios, el doble que Evagrio; recoge, en otro orden los vicios descritos por Evagrio, excepto el cuarto, el de la tristeza.

4.4. Discurso IX: Sobre el resentimiento.
Como ya hemos mencionado, Juan Clímaco relaciona estrechamente los discursos VIII.IX.X.XI. El rencor (IX) es fruto de la ira (VIII), la murmuración (X) es fruto del rencor (IX) y también la locuacidad (XI); también el discurso XII, sobre la mentira, estaría relacionado con el de la locuacidad. La relación más estrecha, sin embargo, está entre la ira y el rencor, y sobre estos dos discurso no detendremos un poco.

El discurso VIII lleva como título: Περℜ Οοργμσιας καℜ πραοτμτος -sobre la ausencia de cólera y sobre la dulzura120.


118 Cf., A. GUILLAUMONT, Évagre le Pontique. Traité pratique ou Le moine, Sources Chrétiennes 170, Cerf, Paris 1971; cf., L. DATRINO, Evagrio Pontico. Trattato Pratico sulla vita monastica, Colección de textos patrísticos 100, Ciudad Nueva, Roma 1992.
119 L. DATRINO, Evagrio Póntico, ob. Cit. P. 67.
120 Con frecuencia Juan Clímaco, para hablar en un discurso sobre un vicio, habla también sobre la virtud contraria al vicio, es decir vicio y virtud son las dos

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73. Juan Clímaco recoge el tema del discurso precedente, la compunción, y la propone por consiguiente como primer remedio contra la ira; el segundo remedio sería la humildad:

Así como el agua que se derrama poco a poco sobre el fuego termina por apagarlo, así las lágrimas de una compunción verdadera apagan todas las llamas de la cólera y de la irritación...La mansedumbre es un estado inmóvil del alma, que permanece igual a ella misma, tanto en las humillaciones como en las alabanzas.

La ira está estrechamente vinculada a las ofensas o bien al rencor:

La cólera es la perseverancia en un odio secreto, es decir el recuerdo de un mal infligido. La cólera es el deseo de hacer el mal a quien nos ha ofendido.

74. Juan Clímaco de nuevo valora o bien trae a la luz las ventajas de la vida fraterna para corregir la ira: el que se irrita o bien vendrá mitigado por la vida fraterna cotidiana o bien se irá. Juan se complace describiendo las astucias del diablo, ahora tentador, ahora consiente en el asedio del monje:

No debemos olvidar, amigos míos, que los demonios malvados a veces se esconden y nos dejan por un tiempo, para que descuidemos nuestras grandes pasiones como cosas de poca importancia y después sea incurable nuestro mal. Una piedra angulosa y dura pierde todas sus asperezas y su dureza cuando se refriega con las otras piedras y se torna redonda. Así también un alma iracunda y áspera, si se junta con otros hombres ásperos y convive con ellos se encuentra ante esta alternativa: o bien curará sus propias heridas con la paciencia, o bien se retirará dándose cuenta de su propia debilidad, pues esta cobarde huida le servirá como espejo plenamente revelador.

columnas el discurso; de alguna manera los dieciséis discursos sobre los vicios son también dieciséis discursos sobre las virtudes que le combaten.

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Finalmente la ira es un obstáculo para el Espíritu Santo en el corazón del monje; esto, el tema del monje como habitáculo del Espíritu Santo, es típico en el corazón del monacato de tradición siriaca: Filosseno, Isaac de Nínive:

Si al Espíritu Santo se le dice paz del alma -y lo es en efecto- y si la cólera es llamada -y es- perturbación del corazón, nada se opone tanto a la venida del Espíritu Santo en nosotros como la cólera.

75. Juan no oculta de una parte el valor propedéutico que a veces puede tener la cólera, y de la otra también el rencor que puede estar bajo una magnanimidad hipócrita:

Sabemos que la cólera engendra numerosos y detestables hijos. Conozco sólo uno de ellos que, aunque adúltero, puede ser provechoso. Porque he visto a algunos que, arrebatados por la furia, vomitaron un rencor que tenían acumulado mucho tiempo dentro de sí. Así por medio de la pasión se libraron de la pasión, permitiendo a su adversario pedirles disculpa o entender la causa de lo que les entristecía hacía tiempo...121

He visto a otros que aparentemente tenían paciencia, pero de una manera fuera de razón, pues alimentaban en ellos su resentimiento bajo capa de silencio. Y he juzgado a éstos más miserables que los que se enfurecen, porque oscurecen con su negra disimulación la blancura de la Paloma.

De todos modos, generalmente la ira es causa también de otros vicios, ya sea de un ayuno hipócrita, ya sea de una glotonería extrema:

He visto a algunos encolerizados que de puro enojo rechazaban el alimento; pero por esta austeridad insensata no hacían más que añadir veneno sobre veneno. He visto también a otros que con el pretexto de una irritación según ellos justa, pero de hecho injusta, se entregaban a la gula; lo cual no fue


121 Evagrio con frecuencia hace notar como una pasión puede ser liberada por otra pasión.

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otra cosa sino caer de un foso en un precipicio. Pero he visto a otros más prudentes, que como hábiles médicos templaron lo uno y lo otro, sacando gran provecho de una comida moderada.

Uno de los remedios contra la ira propuesto por Juan es el canto:

Algunas veces, cantar de manera moderada es una excelente forma de tranquilizar la cólera. Pero alguna veces también hacerlo inmoderadamente o fuera de tiempo lleva a la búsqueda del placer. Es preciso, por consiguiente, establecer un tiempo para esto con el fin de hacer buen uso.

Juan se refiere también este párrafo a los excesos sobre todo de la ira y sensualidad de algunos eremitorios por él visitados: contra la ira les recomienda la vuelta a la vida cenobítica:

...yo les prohibía estrictamente vivir independientes y sugerí en forma amistosa a sus superiores de permitirles llevar por un tiempo un género de vida y después el otro, pero siguiendo siempre sumisos y obedientes al superior que los guía.

Contra la sensualidad y la gula, sin embargo, Juan recomienda la vida solitaria:

...a éstos los animé a abrazar la vida eremítica, que es como una navaja enemiga de la sensualidad y de la gula, para no caer miserablemente de la naturaleza racional a la animal.

76. Nuevamente Juan vuelve a un tema que le es querido: la posible hipocresía, creada por la ira, bajo apariencia de muchas virtudes:

Si prestamos atención hallaremos a menudo que los hombres irascibles son también muy dados a las vigilias, a los ayunos, y a la práctica de la hesiquía. Esto lo hacen los demonios con gran astucia, a fin de que con el pretexto de penitencia y

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compunción los lleven a lo que por naturaleza es apto para aumentar sus pasiones...

En el párrafo 73 Juan ha hablado de tres grados de la ira; en éste párrafo menciona a los tres grados de paciencia unidos con los de la ira:

73. La ira -Ιργη- es la tendencia intempestiva del corazón; la cólera -Ιυχολια- es el impulso del alma amargada; el furor -Θυμος- es un movimiento que altera el comportamiento habitual sí de deformar el Espíritu.

76. El principio de la bienaventurada mansedumbre consiste en aceptar las humillaciones con dolor y amargura de corazón. El estado intermedio es no afligirse en medio de estas penas. Pero la perfección -si es que existe- es considerarlas como un honor.

La ira del corazón Juan la hace corresponder la aceptación con amargura de las ofensas; a la cólera -ira ya manifiesta en palabras- Juan hace corresponder la paciencia sin contrariedad; al furor -también ira manifestada en las obras- Juan hace corresponder la aceptación como si fueran alabanzas, de la contrariedad.

77. A estos tres ejemplos de ira y de paciencia, Juan también hace corresponder tres actitudes de los monjes ante la ira:

Vi un día a tres monjes que habían recibido por igual la misma humillación. El primero sentía dolor, pero lo reprimía en silencio. El segundo se alegraba por la gracia recibida, aunque se dolía del ofensor. El tercero, no considerando más que el daño del prójimo, derramaba cálidas lágrimas por él.

Ira en el corazón ÷ aceptación amarga ÷ rencor
Cólera ÷ paciencia ÷ silencio
Furor ÷ aceptación como alabanza ÷ aflicción por el otro.
Juan retoma otra vez el tema de la comunidad cenobítica, probablemente difícil, como remedio contra la ira.

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78. En el último párrafo Juan Clímaco establece una relación entre las causas que conducen a la ira y los frutos de ésta. Subraya, en la curación de la ira, la función de la gracia de Dios y del padre espiritual:

El primer punto del tratamiento es conocer la causa de su enfermedad; una vez conocida la causa, recibirá de la Providencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz.

Juan señala contra la ira tres remedios: mansedumbre (bondad), magnanimidad (humildad), caridad. Los vicios que generan la ira y, que de ella son engendrados, son:

vanagloria ± ± rencor
avidez ± ± odio
gula ± ± ira
lujuria ± ± enemistad
soberbia ± ± orgullo

El discurso IX lleva como título: ΠερΑ μνησικακιας - sobre el rencor (recuerdo de los males). Es un discurso muy breve, cuatro párrafos también muy breves, y estrechamente unido con el precedente, sobre la ira, y con el siguiente, sobre la murmuración. Como siempre, Juan no hace grandes discursos sobre el rencor, simplemente los desvela y desvela de ellos los frutos.

79. Indica dos imágenes para las virtudes y para los vicios: la escala que sube para los primeros, y la cadena para los segundos.

80. Para Juan Clímaco el rencor es la punta visible de una hilera de vicios:
El resentimiento es la última cola de la cólera; es el guardián de los pecados, el odio de la justicia, la ruina de las virtudes, el veneno del alma, elgusano de la inteligencia, la confusión de la oración, el exterminio de la plegaria, alienación del amor; es un clavo hincado

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en el alma, un acariciado sentimiento de dulce amargura, un pecado perpetuo, una iniquidad siempre vigilante y una malicia continua.

Ira
÷ rencor
÷ confusión en la oración
÷ interrupción de la plegaria
÷ alienación de la caridad
÷ autocomplaciencia en el sufrimiento
÷ pecado continuo

Como camino contra el rencor, Juan indica la caridad: la falta de caridad lleva a la ira y por lo tanto al rencor:

El que ha cesado de tener cólera también se ha librado del resentimiento, pues nopueden ser engendrados hijos sino estando vivo el padre. El que ha adquirido la caridad ha desterrado la venganza; pero el que cultiva enemistades, se acumula trabajos inoportunos...

De todos modos, el mismo autor pone en guardia contra el peligro de que la misma caridad no se convierta en causa de otro vicio; menciona también el hecho que un vicio -la ira o el rencor-, puede ser vencido por otro vicio, la lujuria:

...la mesa de la caridad disipa el odio, y los dones sinceros dulcifican el corazón. Pero una mesa desordenada engendra el libertinaje y por la ventana de la caridad entra saltando la gula...

Hay que señalar la relación propuesta por Juan entre vicios y virtud:
-contra la ira y el rencor ÷ la caridad.
-la caridad puede generar ÷ la gula.
-un vicio que rechaza a otro vicio.

81. Juan parece establecer una relación estrecha entre rencor y lujuria:
Está muy lejos el resentimiento del amor sólido y verdadero, pero la fornicación se acerca fácilmente...Dirige todo tu resentimiento

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contra los demonios y toda tu enemistad, aborreciendo sin tregua tu cuerpo. La carne es un amigo ingrato y engañoso, que cuanto más se la cuida, más nos daña.

El punto central -siempre cristológico- en la lucha contra el rencor, Juan lo pone en la oración y el amor hacia los enemigos:

Entonces sabrás que estás enteramente libre de esta infección, no simplemente si oras por el que te ha ofendido, ni si le ofreces regalos, ni si lo invitas a tu mesa, sino cuando, viéndolo en alguna desgracia espiritual o corporal, sufres y lloras por él como si se tratara de ti mismo.

82. Continuando la propuesta de lectura cristológica contra el rencor, Juan presenta el ejemplo de Cristo:

El recuerdo de los sufrimientos de Jesús cura el alma del resentimiento, por la extrema confusión en que la pone el ejemplo de su mansedumbre.

Juan, al final, relaciona el perdón con el rencor: el verdadero perdón acontece en el momento en que no hay más rencor:

El olvido de las ofensas es indicio de sincera penitencia; pero el que guarda la enemistad y cree que se arrepiente, es semejante al que, dormido, sueña que ocurre... Que nadie mire este sombrío vicio como una pasión inofensiva, porque frecuentemente conquista incluso a hombres espirituales.

Todavía notamos como el mismo Juan es un buen pedagogo, valorando el hecho que con los discursos hechos a otros que tienen el mismo vicio, también podemos ser nosostros convertidos por nuestros mismos discursos:

He visto a hombres llenos de resentimiento exhortar a otros a olvidarse de las ofensas y, confundidos por sus propias palabras, librarse de esta pasión.




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