COLLEGIUM INTERNATIONALE SANCTI BERNARDI IN URBE








P. Dom Policarpo Zakar, O. Cist.
Abad General Emérito








METODOLOGÍA HISTÓRICA GENERAL













Apuntes y notas para el
Curso de Formadores de la Orden Cisterciense
(Pro manuscripto)

Curia General de la Orden Cisterciense
ROMA - 2002







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METODOLOGIA HISTORICA GENERAL
aplicada a la historiografía cisterciense
(Agosto- Septiempre 2002)
P. Ab. Policarpo Zakar



I- Introducción

1. La metodología nos introduce en el trabajo "científico". "Meta+hodos" = atravesar el camino. Metodología: ciencia del método.

Se puede trabajar bien también sin haber aprendido un buen método, entonces se es "autodidacta". Existen famosos autodidactas (por ej. P. Gregorio Müller), de Mehrerau, fundador de la revista "Cistercienser Chronik". Era autodidacta, pero con sensibilidad aguda para los problemas de nuestra historia. Resta, sin embargo, que es mejor conocer los métodos de las diferentes ciencias, para llegar más velozmente y con más grande posibilidad de acontecimientos.
Generalmente se empieza la metodología con la "bibliografía", con las obras fundamentales y generales, nosotros tendremos la ocasión de hablar durante este curso de ciertos libros muy importantes, por ejemplo, del libro del P. Leopoldo Janauschek: Originum Cisterciensium tomus I, Viena 18771. (El "tomus II", que tenía que haber tratado de los monasterios de las monjas, no ha salido nunca, porque muchas veces es prácticamente imposible saber si algunos monasterios de monjas eran realmente cistercienses, es decir, incorporados o no incorporados2, aunque viviesen según los usos de


1 L. Janauschek era monje de Zwettl (Austria), pero enseñaba en la Escuela de Teol, de Heligenkreuz, que celebra este año sus 200 años de existencia.
2 La "incorpración" (termnus technicus) significa la unión jurídica estricta con la única Orden Cisterciense, y así la exención de la jurisdicción del obispo diocesano. (Los monasterios de las monjas cistercienses no constituyen una "segunda Orden", como por ejemplo, las Clarisas para los Franciscanos. Como la Orden ha recibido el privilegio de la exención únicamente en el 1184 - San Bernardo, por ejemplo, era contrario a la exención -queda claro que

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los Cistercienses. Los Monasterios femeninos son denominados a menudo como "Benedictinos-Cistercienses", que, con frecuencia, no quiere decir nada mas que los Cistercienses son de la familia benedictina, que la gente entienda mejor de qué se trata...)
Hablaremos de la historiografía cisterciense, de las revistas, de los diccionarios, etc. Es de capital importancia conocer la bibliografía de la Orden, de los monasterios, de la arquitectura, de la economía, etc.

También forman parte de la metodología la cronología, la crítica, el arte de componer un ensayo o un libro, etc. Cuenta, naturalmente, la necesidad del conocimiento de las lenguas.

2. Antes de empezar la metodología histórica propia y verdadera, debemos decir una palabra de la misma historia, de la historia de la Iglesia, de la historiografía eclesiástica en general, de la utilidad de estudiar la historia, etc.
¿Qué es la historia?
Todos tenemos un concepto más o menos exacto de la historia. Pero también aquí nos encontramos con la misma dificultad que cuando tenemos que decir qué es el tiempo... Un S. Agustín confesaba, que cuánto más pensaba, tanto más complicado veía el concepto del tiempo. (Conocemos la definición aristotélica: Numerus tempus secundum prius et posterius, en donde es importante notar que la historia va en sentido único (Einbahnstrasse), no se repite, no es cíclico...
Para nosotros "historiadores" quiere decir que el hombre vive en el tiempo, existe un pasado, que en gran medida no está determinado por él, que vamos hacia el futuro, que en parte, con cierta libertad, debemos nosotros mismos construir... La historia es el conjunto de eventos, repertorios, escritos y otras fuentes que podemos reconstruir. "Pas de documents, pas d'histoire..." (Si no hay documento, no hay historia...). Pero estas "fuentes" deben confrontarse, han de ser interrogadas por nosotros de una manera


antes del 1184 ningún monasterio de monjas podía ser incorporado. De esto hablaremos seguidamente.

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inteligente. La historia es hecha en gran parte por los hombres, no es simplemente un evento natural. (Tenemos que plantear preguntas).
La historia de la Orden Cisterciense forma parte de la historia de la Iglesia. El objeto de la historiografía de la Iglesia es el crecimiento y las variaciones de la Iglesia en el tiempo y en el espacio, recibe su "objeto" de la fe, por lo que es una disciplina teológica.
Es disciplina teológica porque creemos que la Iglesia es de origen divino, que la estructura jerárquica es sacramental y la prometida asistencia del Espíritu Santo permanece siempre, aunque ciertas formas varían en el decurso de los siglos y también es innegable la evolución de los dogmas. Ya Vicenzo de Lerina (+antes de 450) decía: Crescat igitur... et multum vehementerque proficiat, tam singolorum quam omnium, tum unius hominis quam totius Ecclesiae, aetatum ac saeculorum gradibus, intelligentia, ciencia, experientia: sed in suo dumtaxat genere, in eodem scilicet dogmate, eodem sensueademque sententia3.
Naturalmente, entre la historia de la Iglesia y la historia de la Orden Cisterciense existe una sola analogía, porque la Orden Cisterciense no tiene las características de la Iglesia arriba enumeradas, mas, naturalmente, tampoco es simplemente "un fenómeno humano". También en nuestra Orden, y en nuestros monasterios, actúa el Espíritu Santo, aunque no tengamos la promesa de que la Orden dure eternamente.
La dificultad de la historiografía consiste en el hecho que representa el pasado que encuentra en las fuentes y en el mismo tiempo y, esta representación es nuestra imagen actual de este pasado.
Cicerón ha hablado de la historia como "historia magistra vitae". No en el sentido de que nos de recetas seguras para el futuro, como si la historia se repitiese, sino para comprender nuestros orígenes, nuestra identidad, para tener una experiencia de vida.
Cuando preguntaban a Konrad Adenauer qué consejos daría a un joven que se responsabiliza en la política, ha respondido: "Geschichte studieren" estudiar la historia.
Pienso que no se explica la carrera política de un Helmut Kohl por la razón de haber hecho el doctorado en historia, pero estas


3 Vincentius Lerinensis, Commonitorum primun, c. 23 (PL 50,668 A).

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son las palabras de Kohl: "Historische Erinnerung und historischer Überblik können del Menschen Halt und Orientierung geben -gerade in immer unübersichtclicher werdenden Welt"4.
Pienso que la historia debe formar parte de la propia formación (Bildung), porque debe poner junto a las fuentes -para esto se requiere una verdadera ciencia-, debemos tener una conciencia histórica para reexaminar los conceptos históricos que la gente, que tienen nuestras hermanas y nuestros hermanos sobre las historia.
La historia debe tratar cuestiones actuales: ¡zeitgemaesse, aktuelle Fragüen aufgreifen!. No simplemente aquello que nos interesa, sino aquello que era y es importante.
Citamos también aquí la sentencia del famosísimo Mabillon sobre la utilidad de estudiar la historia:

No está fuera de lugar traer aquí las bellas palabras de Mabillon sobre la manera de estudiar la historia: "No hay nada más inútil que estudiar la historia a la manera que se hace de ordinario, como no hay nada de más utilidad que si se estudiase bien. Es poca cosa llenar la memoria de una lista -por así decir- de años, siglos, olimpiadas, épocas y saber una infinidad de nombres de emperadores y de reyes, de concilios, de herejías e, incluso, un sin fin de acontecimientos felices.
Esta manera de conocerlos -solamente de memoria- no merece el nombre de ciencia histórica. Pues, saber es conocer las cosas por sus causas y principios. Así, saber la historia es conocer los hombres; para conocer todos los resortes, los impulsos y sorpresas que tienen en el fondo del corazón J. MABILLON, Traité des études monastiques…, nouv. Éd. Dans le livre Science et Sainteté publié par les soins de R. -J. Hesbert. Paris 1958,60.

3. Hoy queremos emprender una primera aproximación a la "crítica", es decir, a la disciplina del "discernimiento", ver cómo podemos acercarnos a la verdad histórica. Sería necesario aquí


4 Sobre todo esto véase K. Repgen, Vom Nutzen der Historie, in: Wozu Historie heute. Beitraege zu einer Standiptbestiummzugn im fachübergreifenden Gespraech, Bayreuter Hist. Kolloquien 10, Köln- Weimar-Wien 1996, 167-183.

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hablar detenidamente de la Hermenéutica, una ciencia relativamente nueva, porque cuando nos acercamos a un objeto lo conocemos siempre con una cierta "precompresión", "Vorverstaendnis", que en cierta manera ya sabían también los escolásticos diciendo: "Quidquid cognoscitur per modum cognoscentis cognoscitur". Con esto no se niega el valor objetivo del conocimiento, que realmente conocemos las cosas como son, pero es verdad también lo que los escolásticos decían, también nuestro "yo" tiene influencia sobre el conocimiento. La "historia" no es independiente del historiador. El historiador debe plantear "buenos" interrogantes, porque a ciertas preguntas no se puede dar una respuesta buena y justa...

4. Aquí quiero hacer un "excursus" con el documento de la Comisión Teológica Internacional "Memoria y reconciliación: la Iglesia y las culpas del pasado" del 7 de marzo 2000, que se encuentra en internet: www. Vatican.va.roman...curia/congregations cfaith,cti documents en italiano, español, portugués, alemán, inglés, etc.
El responsable de la subcomisión que elaboró el texto era el Prof. Bruno Forte, uno de los grandes teólogos italiano actuales, enseña en Nápoles, que habló también en nuestro capítulo general del 2000.
Este texto es importante, porque nuestra historia no es una historia en el sentido de la historiografía civil, sino que forma parte de la historia eclesiástica, es una disciplina teológica, porque queremos ver todo también bajo la luz de la fe, queremos ver a Dios en la historia de la Orden Cisterciense, de nuestros monasterios, etc.
Cito el documento de la Comisión Teológica sobre "Memoria y reconciliación" donde habla del método histórico. Aquello que se dice la vale -mutatis mutandis- también de la Orden Cisterciense.

4. JUICIO HISTÓRICO Y JUICIO TEOLÓGICO

La individualización de las culpas del pasado, de las que hacer enmienda, implica sobre todo un correcto juicio histórico, que sea la base también de la valoración teológica. Debemos preguntar: ¿qué es lo que ha acontecido?¿qué se ha dicho y hecho?

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Sólo cuando se haya dado una respuesta adecuada a estos interrogantes, fruto de un riguroso juicio histórico, se podrá también preguntar si lo acontecido, que ha sido dicho o cumplido puede ser interpretado conforme o no al Evangelio, y, en el caso de que no lo fuera, si los hijos de la Iglesia que han actuado así han podido darse cuenta partiendo del contexto en el que actuaban. Únicamente cuando se tiene la certeza moral de que cuanto ha sido hecho contra el Evangelio por algunos hijos de la Iglesia y en nombre de la misma, hubiese podido ser comprendido por estos y, como tal, evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy pedir perdón por las culpas del pasado.

La relación entre "juicio histórico" y "juicio teológico" resulta, por consiguiente, tan complejo como necesario y determinante. Por ello, se debe poner por obra sin prevaricación de una parte o de otra: lo que es necesario evitar es tanto una apología que quiera justificar todo como una indebida culpabilidad, fundada sobre la atribución de responsabilidad históricamente insostenible. Ha afirmado Juan Pablo II, refiriéndose a la valoración histórica-teológica de la obra de la Inquisición: "El Magisterio eclesial no puede ciertamente proponerse cumplir un hecho de naturaleza ética, como es la propuesta de perdón, sin antes haberse informado con precisión acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede apoyarse sobre las imágenes del pasado transmitidas por la pública opinión, ya que estas tienen con frecuencia una sobrecarga de emotividad pasional que impide la diagnosis serena y objetiva [...] He aquí por qué el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que abarca más allá del ámbito de sus competencias, sino que nos ofrezcan una ayuda para la reconstrucción lo más precisa posible de las acontecimientos, de los usos, de la mentalidad de entonces, a la luz del contexto histórico de la época"5


5 Discurso a los participantes al Simposio Internacional de estudio sobre la Inquisición, promovido por la Comisión Teológico-Histórica del Comité Central del jubileo, n. 4, 31 de octubre 1998.

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4.1. La interpretación de la historia
¿Cuáles son las condiciones de una concreta interpretación del pasado desde el punto de vista del saber histórico? Para determinarlas, es necesario tener en cuenta la complejidad de las relaciones que median entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de la interpretación: en primer lugar se subraya el recíproco desconocimiento entre sí. Eventos o palabras del pasado son sobre todo "pasados": como tales, estos no son reducibles totalmente a la solicitud actual, pero tienen una capacidad y complejidad objetiva que impiden disponerlos de manera únicamente funcional a los intereses del presente. Es necesario, por consiguiente, acercarse a ellos mediante una indagación histórico-crítica, que trate de utilizar todas las informaciones accesibles en vista a reconstruir el ambiente, la forma de pensar, las condiciones y el proceso vital en el que aquellos acontecimientos y aquellas palabras se colocan, para acertar de tal forma con los contenidos y los desafíos que -precisamente por su diversidad- estos proponen a nuestro presente.

En segundo lugar, entre quien interpreta y lo que ha sido interpretado se debe reconocer una cierta co-pertenencia, sin la cual ningún vínculo y ninguna comunicación podría subsistir entre pasado y presente: este vínculo comunicativo está fundamentado en el hecho que cada ser humano de ayer o de hoy se sitúa en un complejo de relaciones históricas y tiene necesidad para vivir de la mediación lingüística, siempre históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia!. Traer a la luz la copertenencia entre el interprete y el objeto de la interpretación -que debe ser adquirido a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado un testimonio de sí (textos, documentos, tradiciones, etc.)- quiere decir juzgar desde la corrección de las posibles correspondencias y de las eventuales dificultades de comunicación con el presente, adquirido de la propia inteligencia de las palabras o de los eventos del pasado: esto es objeto pasado de la interpretación se da, a través del esfuerzo conocedor y valorativo, una ósmosis ("fusión de horizonte"), en la que consiste propiamente el acto de la compresión. En ella se expresa lo que se juzga como inteligencia correcta de los

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acontecimientos o de las palabras del pasado: que equivale a tomar el significado que estos pueden tener para el intérprete y su mundo.
Gracias a este encuentro de mundos vitales la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es acogido en la potencialidad que abre, en el estímulo que ofrece modificar el presente; la memoria se hace capaz de suscitar un nuevo futuro.
A la ósmosis fecunda con el pasado se llega a través del enlace de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. En relación a un 'texto' del pasado -entendido generalmente como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo- estas operaciones pueden ser expresadas así:

"Comprender el texto,
a) juzgar con la certeza de la propia inteligencia del texto y
b) expresar lo que se juzga ser inteligencia correcta del texto"6.
Comprender el testimonio del pasado quiere decir adquirirlo lo más posible en su objetividad, a través de todas las fuentes posibles de que se pueda disponer; juzgar desde la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida esta pueda haber sido orientada o, por consiguiente, condicionada por la comprensión, y de los posibles prejuicios del interprete; expresar la interpretación adquirida significa hacer a los otros partícipes del diálogo mantenido con el pasado, sea para verificar la relevancia, sea para ponerse en confrontación de otras eventuales interpretaciones.

4.2. Indagación histórica y valoración teológica
Si estas operaciones están presente en cada acto hermenéutico, no pueden faltar ni siquiera en la interpretación en la que se integran el juicio histórico y el juicio teológico: esto exige, en primer lugar, que en este tipo de interpretación se preste la máxima atención a los elementos de diferenciación y desconocimiento entre presente y pasado. En particular, cuando se pretende juzgar las posibles culpas del pasado hay que tener presente qué diferentes son los


6 Cf. Para cuanto sigue H.G. Gadamer, Veritá e metodo, Milán 1985.

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tiempos históricos, los tiempos sociológicos y culturales de la actuación eclesial, por lo que los paradigmas y juicios propios de una sociedad y de una época podrían ser erróneamente aplicados en la valoración de las otras fases de la historia, generando no pocas equivocaciones; son diferentes las personas, las instituciones y sus respectiva competencias; diversas las formas de pensar y diferentes los condicionamientos.

1º/ Por ello se precisan las responsabilidades de los acontecimientos y de las palabras dichas, teniendo en cuenta el hecho de que una propuesta eclesial de perdón compromete el mismo sujeto teológico -la Iglesia- en la variedad de los modos y de los grados con los que cada uno representan la comunidad eclesial y en la diversidad de las situaciones históricas y geográficas, entre ellos, frecuentemente, muy diferentes. Cada generación es evitada. Cada eventual pronunciación actual es situada y debe ser realizada por los sujetos propiamente más llamados a ello (Iglesia universal, Episcopado nacional, Iglesias particulares, etc).

2º/ La correlación del juicio histórico y juicio teológico debe tener en cuenta el hecho de que, para la interpretación de la fe, el vínculo entre pasado y presente no es solamente motivado por el interés actual y por la pertenencia común de cada ser humano a la historia y a sus medicaciones expresivas, sino que se fundamenta también sobre la acción unificante del Espíritu de Dios y sobre la identidad permanente del principio constitutivo de la comunión de los creyentes, que es la revelación. La Iglesia -en razón de la comunión verificada en ella por el Espíritu de Cristo en el tiempo y en el espacio- no puede dejar de reconocerse en su principio sobrenatural, presente y operante en todos los tiempos, como sujeto en cierto modo único, llamado a corresponder al don de Dios en formas y situaciones diferentes a través las elecciones de sus hijos, aún con todas las carencias que puedan haberle caracterizado. La comunión en el único Espíritu Santo funda también diacrónicamente una comunión de los 'santos', en razón de la cual los bautizados

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bautizados de hoy se sienten obligados a asumir el eventual peso actual de sus culpas, después de haber hecho un atento discernimiento histórico y teológico.

Gracias a este fundamento objetivo y trascendente de la comunión del pueblo de Dios en sus diferentes situaciones históricas, la interpretación creyente reconoce en el pasado de la Iglesia un significado del todo peculiar para hoy: el encuentro con él, que se produce en el acto de la interpretación, puede revelarse cargado de particulares valores para el presente, rico de una eficacia 'performativa' no siempre previamente calculable. Naturalmente, la fuerte unicidad del horizonte ecuménico y del sujeto eclesial interpretante expone más fácilmente la mirada teológica al riesgo de ceder a lecturas apologéticas o instrumentales: he aquí el ejercicio hermenéutico dirigido a comprender acontecimientos y palabras del pasado y a medir la corrección de su interpretación actual cada vez más necesaria. La lectura creyente se servirá a tal fin de todos las posibles contribuciones ofrecidas por la ciencia histórica y por los métodos interpretativos. El ejercicio de la hermenéutica histórica no deberá impedir a la valoración de la fe interpretar los textos según la peculiaridad que la caracteriza, y, por consiguiente, hacer actuar presente y pasado en la conciencia de la unidad fundamental del sujeto eclesial implicado en ellos. Esto pone en guardia sobre todo historicismo que relativice el peso de las culpas pasadas y que considere la historia como justificadora de todo.

Como observa Juan Pablo II, "un correcto juicio histórico no puede prescindir de una atenta consideración de los condicionamientos culturales del momento [...] Pero la consideración de las circunstancias atenuantes no excluirá a la Iglesia del deber de compadecerse profundamente por las debilidades de tantos hijos suyos". La Iglesia, por lo tanto "no teme la verdad que surge de la historia y está dispuesta a reconocer los errores, allí donde son verificados, sobre todo




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cuando se trata del respeto debido a las personas y las comunidades. Esta es propensa a desconfiar de las sentencias generales de absoluciones o de condenas respecto a las diferentes épocas históricas. Confía la búsqueda sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicio de tipo confesional o ideológico, bien sea en lo que se refiere a las agravios sufridos, bien sea por las ofensas cometidas por ella".

5.DISCERNIMIENTO ÉTICO

Para que la Iglesia asuma un apropiado examen de conciencia histórico bajo la mirada de Dios en vistas a la propia renovación interior y del crecimiento en la gracia y santidad, es necesario que sepa reconocer las "formas de antitestimonio y de escándalo", que aparecen en su historia, en particular durante el pasado milenio. No es posible asumir tal responsabilidad sin conocer su importancia moral y espiritual. Esto exige la definición del algunos términos claves, además de la formulación de algunas precisiones necesarias sobre el plano ético.

5.1. Algunos criterio éticos

Del peso de semejante responsabilidad... nos libera sobre todo implorando el perdón de Dios por las culpas del pasado, y, por lo tanto, donde sea necesario, a través de la 'purificación de la memoria', que culmina en el recíproco perdón de los pecados y de las ofensas en el presente.
Purificar la memoria significa eliminar de la conciencia personal y colectiva todas las formas de resentimiento o de violencia que la herencia del pasado nos hubiese dejado, sobre la base de un nuevo y riguroso juicio histórico-teológico, que funda consecuentemente un renovado comportamiento moral.
La combinación de juicio histórico y juicio teológico en el proceso interpretativo del pasado salda aquí las repercusiones éticas que esta puede tener en el presente, y que implican algunos principios, correspondientes al plano moral,

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a la fundación hermenéutica de la relación entre juicio histórico y juicio teológico. Estos son:

  1. El principio de conciencia. La conciencia, tanto como 'juicio moral' cuanto como 'imperativo moral', constituye la valoración última de un acto en relación a su bondad o malicia delante de Dios. En efecto, solo Dios conoce el valor moral de cada acto humano, aunque la Iglesia, como Jesús,si puede y debe calificar, juzgar y a veces condenar algunos tipos de aaciones (cf. Mt 18,15-18).
  2. El principio de historicidad. Precisamente en cuanto que cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa dentro de un determinado horizonte de tiempo y de espacio. Para comprender verdaderamente los actos humanos, o la dinámica unida a ellos, debemos entrar en el mundo propio de aquellos que lo han cumplido: sólo así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Esto va dicho sin prejuicio alguno de la solidariedad que une los miembros de una específica comunidad a través del paso del tiempo.
  3. El principio del cambio de 'paradigma'. Mientras que antes del Iluminismo existía una especie de osmosis entre Iglesia y Estado, entre fe y cultura, moralidad y ley, a partir del siglo XVIII esta relación ha sido notablemente modificada.


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5. Después de este largo "excursus" debe ser citada la regla fundamental de la historiografía formulada ya por Cicerón, y retomada por el Papa León XIII cuando abrió los Archivos Secretos del Vaticano:
Cicerón , De Oratore II. C. 15 n. 62 y León XIII en Leonis XIII. Acta III (1884) 268.
Ne quid falsi dicere audeat,
ne quid veri non audeat,

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ne qua suspicio gratiae sit in scribendo,
ne qua simultatis.

La primera regla es evidente: El historiador no diga nada inexacto.
La segunda regla es más difícil: no se puede decir siempre todo..., especialmente de cosas recientes.
La tercera y cuarta parte dicen que el historiador no esté de parte, ni en pro, ni en contra, sino que diga la cosas tal como fueron. Ranke decía: "Wie es war...".
Pero hemos visto el problema del "Vorverstaendnis", la "precomprensión"...

6. Vayamos ahora un problema concreto: los orígenes cistercienses, la finalidad de la fundación de Cister, la esencia de la espiritualidad cisterciense, la "diferencia específica" de nuestra Orden, de los otros...
Notemos que a la pregunta. "Qué cosa os distingue de los Benedictinos" o "qué cosa hacéis de diferente que no hagan las otras ordenes religiosas", ¡no se puede dar una buena respuesta, porque la cuestión no está bien planteada!.
Al principio de la vida "religiosa" (término introducido más tarde y hoy cada vez más abandonado) está la "vida monástica", que comprendía todas las formas de la vida religiosa. Los miembros del orden de los canónigos también son, en cierto sentido, "monjes". Las "ordenes religiosas" en sentido actual nacen en el siglo XII. -San Benito no ha fundado ninguna "orden"- con finalidades especiales... Pero esto no quiere decir que los monjes no puedan hacer lo que hacen, por ejemplo, los carmelitas o los salesianos... La Regla de San Benito es una regla "abierta" a los diferentes trabajos y los monjes en el decurso de los siglos han ejercitado los diferentes aspectos del apostolado, y con la aparición de nuevas ordenes no han perdido el derecho a esto, como quería alguno durante el Concilio Vaticano II.
Veamos al menos el problema de la finalidad de la fundación de Cister, subrayando que al fundarse Cister ninguno pensó fundar una ¡"orden religiosa"!

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7. Doy por supuesto el conocimiento de los documentos principales de nuestros orígenes, las "dos codificaciones" de Trento y de Ljubljana... y los problemas cronológicos...
Se trata de una cuestión muy importante, existencial, que para muchos de nuestras monjas y monjes es un problema.

   Trento 1711  Laibach 31
1/ Introduction littéraire:

2/ Constitutions:

3/ Status des Chap. Gén.:

4/ Ecclesiastica Officia:

5/ Usus Conversorum:
Ex. Cistercii (ch. 1-2)

Summa CC (ch. 3-6)

Ch. 7-26 du Ms. Ch.

27-143 du Ms.

Numérotation propre
Ex. Parvum CC1

Instituta Cap. Gener.

123 numéros

Manquent

Actuellement

8. Desde mi punto de vista he expuesto en el artículo: Our Common Beginngs: 900 Years Ago, Cisercians in Texas, The 1998 Jubilee, Irving, Texas 1998, 8-17. En las traducciones lo encontraréis al inicio del "manual", Para conocer mejor...

9. Cito que el texto del Exordiúm Cistercii, que encontramos en lel ms de Trento, que fue escrito antes del 1140. El texto podría ser también del 1124, Waddell piensa que es del 1136/37.

In eiscopatu Lingonensi situm noscitur esse coenobium nomine Molismus, fama ceeberrimum, religione conspicuum. Hoc a sui exordio magnis sub brevi tempore divina clementia suae gratie muneribus illustravit, viris illustribs nobilitavit, nec minus amplum possessionibus quam claram virtutibus reddidit. …Unde et mox virtutum amatores de paupertate fecunda virorum cogitare coeperunt. Simulque advertentes ibidem, etsi sancte honesteque viveretur, minus tamen propsui desiderio atque propósito ipsam quam professi sunt Regulam observari...: Ex. Cist. I., 3-6. 12: Waddell, p. 399-400.

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"Eremum"

10. En el año 1953 el P: Columbano Spahr de Mehrerau en la disertación canonista tiene:

a/ todo según la Regla
b/ nada contra la Regla
c/ alguna cosas "praeter Regulam"7.

La crítica advertía enseguida que el hecho de no haber aceptado "oblatos" en el monasterio, introduciendo los conversos, contradecía la tesis del P. Spahr.

11. El segundo texto que cito para esta materia es de Vicente HERMANS, OCSO Spirit8

LA FINALIDAD GENERAL DE LA FUNDACIÓN DE CISTER

¿Cuál fue la finalidad de la fundación de Cister? A esta pregunta se responde casi siempre: la observancia literal de la Regla de San Benito9. Sin embargo, hay que hacer más de una objeción a esta afirmación. Primeramente, no se encuentra por ninguna parte esta expresión en ninguna de las mejores fuentes


7 Un extracto de la tesis del P. Spahr se encuentra en el artículo "Die Regulauslegung im Neukloster": Festchrift zum 800 -Jahr- Gadaechtnis des Todes Bernhards von Clairvaux, Viena 10953, 22-30. La disertación entera no nunca se ha publicado.
8 Es necesario constatar que también V. Hermans conocía ya la Carta Caridad Prior y Posterior, Exordium Parvum, etc., no conocía la fecha de nacimiento de estos documentos. Para el Exordium Parvum era del 1119, y hoy sabemos que es posterior a esta fecha...
9 G. Müller, Vom Cistercienser Orden, Bregenz 1927, 10; "Alberich wolte mehr als nur blosse Missbraeuche abstellen, sein Ideal war, die Vorschriften der Regel des St. Benedikts in ihrem vollen Umfang ohne jegliche Mildeung der Geltung zu bringen… Y se podrían citar a tantos otros autores hasta nuestros días.

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