COLLEGIUM INTERNATIONALE SANCTI BERNARDI IN URBE
Amedeo Cencini
DEL MODELO DE LA PERFECCIÓN AL MODELO
DE LA INTEGRACIÓN
Apuntes y notas para el
Curso de Formadores de la Orden Cisterciense
(Pro manuscripto)
Curia General de la Orden Cisterciense
ROMA - 2002
DEL MODELO DE LA PERFECCIÓN AL MODELO
DE LA INTEGRACIÓN
Amedeo Cencini
Introducción
Antes de empezar conviene hacer una clarificación importante para poder definir el objetivo
de la formación, es la que surge de una confrontación con el pasado y con todo lo que en otros tiempos era considerado,
sin ninguna duda, el objetivo "ad quem" de un programa formativo y de la vida consagrada y sacerdotal en general: la perfección.
Ese modelo todavía está en uso, especialmente cuando a la vida consagrada se la designa como vida de perfección y las
congregaciones religiosas se consideran "Institutos de perfección", pero mediante revisiones, hechas a fondo, del
concepto y de la lógica que le sostiene, podemos ver como los modelos que se han ido sucediendo en la evolución informal
de estos últimos decenios, han ido modificando lentamente una cierta idea acerca de la perfección como meta del proyecto
formativo: el modelo de la autorrealización, de la aceptación y el más utilizado actualmente, el de la integración.
1. MODELO DE LA PERFECCIÓN
El modelo operativo del santo perfecto y de una formación que aspira a la perfección es el que
podemos llamar de la "canalización", semejante a una flecha que toma una dirección exacta hacia un punto definido: lo
perfecto, excluyendo todo lo demás.
Por una parte se da la pretensión de que la energía pulsional se acomode a los valores y esto, por el hecho de que es
una pretensión irreal, acaba por empobrecer la vida psíquica. Por otra existe el riesgo de que algunas dimensiones no se
tomen en consideración, ya sea por que se suprimen o porque se nieguen. Negar las energías no es lo mismo que acabar con
ellas, ya que se mantienen como negadas o no aceptadas. En otras palabras, su energía no es
una fuerza que la persona disfrute y de la que se
sirve para conseguir sus ideales, sino una fuerza animal que la persona combate, de la que quiere salir constantemente e imponerse a su manera haciendo dramática la vida consciente y poniendo en peligro el logro del ideal de la perfección. La vida así, se complica y el modelo original corre el riesgo de transformarse en un modelo de lucha a ultranza y de un esfuerzo insoportable a lo largo de la vida. Con el resultado de que muchos aspirantes no resisten esta tensión y pasan al extremo contrario o viven la mediocridad.
La estrategia de la canalización considera que las energías instintuales del hombre, que son
ambiguas, se realizan sólo en la medida en que se adecuan a un proyecto elaborado por la razón. Por consiguiente, se corre
el riesgo de que ciertas dimensiones que no encajen en el esquema de lo que se considera perfección, se repriman, se nieguen
o se destruyan, al menos de manera intencional. Pero la pretensión de que la energía pulsional se asimile a los valores,
supone su eliminación, es irreal y termina por empobrecer la vida psíquica de quien aspira a ser santo. Aunque, de hecho,
las fuerzas negadas no desaparecen ni dejan de existir, sino que permanecen como negadas o no aceptadas. Dicho de otra
manera: la energía no es una fuerza que el individuo disfruta y de la que se sirve para alcanzar sus ideales, sino que
se considera un impulso irracional que la persona debe combatir pero que vuelve a resurgir constantemente y se impone
a su manera, haciendo un drama la vida consciente y poniendo cada vez más en peligro la consecución del mismo ideal de
la perfección. La vida, de este modo, se complica peligrosamente y el modelo original corre el riesgo de transformarse
en un modelo de lucha a destajo y de una tensión insoportable a largo plazo.
La consecuencia, frecuente en nuestra historia, es que muchos aspirantes orientados a este tipo de perfección, llega
un momento en el que no pueden resistir más la tensión que les produce y pasan al extremo contrario o eligen vivir
de manera mediocre.
1.2. Controlador perfecto (y agotador)
Es otra consecuencia o componente más o menos inevitable. A mayor fuerza subjetiva de control, mayor será la amenaza de que el "eros" y el "pathos" (símbolos de la energía instintiva) se hagan conscientes y que el mismo sujeto experimente cierta angustia. Y así, ante la tentación, el individuo ofrecerá una resistencia frontal tendente a tirar todo por la borda, el agua sucia y el niño... Tiene derecho a vivir en su vida sólo la dimensión de luz, de bondad, de pureza y de positividad, Las otras dimensiones de sombra, que también son propias de la realidad humana, se someten constantemente a censura y a examen. El modelo de esta idea de perfección cristiana es el control perfecto de todos los instintos; y quien persigue de modo inflexible un ideal tan grande, castiga y reprime las pasiones que se oponen a la virtud; pero debe siempre recurrir a una actuación fuerte de la voluntad, con una sensible pérdida de energía psíquica, esfuerzo que deja a la persona cansada y oprimida.
Lo que produce su ideal de perfección con todas las renuncias y penitencias que lleva consigo, es más una obligación que se impone a sí mismo o que siente impuesta como un yugo, que una exigencia y consecuencia de una relación de amor. Lo desea con todas sus fuerzas sin importar si lo quiere; lo que cuenta es la decisión de convertirse, es decir, cambiar de comportamiento, no dejarse conducir por el Espíritu o experimentar la libertad del amor. En todo ello hay una buenísima voluntad y una recta intención de las que nadie debe dudar, pero probablemente falte libertad interior y aún más una verdadera descentramiento de si mismo (aunque haya una tensión dirigida a la propia superación).
1.3 Sin pasión y sin pasiones
Podemos observar algunas consecuencias, de esta actitud errónea, que afectan a la formación. Se orienta al joven hacia una meta inalcanzable: se le pide renunciar a una parte de su propio yo, considerada poco noble o humillante hasta el punto de disuadirlo de
poder triunfar en el intento, eliminándola y extirpándola de raíz; con el resultado de no conseguirse nada, sino que es recogida en su totalidad por el inconsciente, donde el instinto negado continua incomodando, sin causar molestia, la vida consciente del sujeto, filtrándose de una manera sutil con apariencia de motivación profunda, acompañado de gestos aparentemente correctos y evangélicos o como causa última de sensaciones, reacciones, estados de ánimo o crisis inexplicables.
Otra consecuencia muy negativa en el plano formativo: se trasmite al joven una idea contradictoria acerca de sí mismo; que reconocerá en sí una zona irremediablemente negativa que hay que controlar o mejor, ignorar, un misterioso "agujero negro". Por un lado se favorece un cierto sentido de prepotencia y suficiencia ("tienes que dominar y eliminar todo lo negativo"), por otro se ofrece un concepto negativo del propio ser que no tardará en surgir como rabia o sentido de culpa cuando la persona no logre vencerlo o dominarlo, o como depresión o turbación cuando se sienta forzado a constatar que no ha sabido eliminarlo. El resultado de esta confusión será que no se ayuda a la persona a conocerse y a aceptarse; en una palabra, será poco libre consigo mismo y con los demás, sobre quienes tenderá, de manera defensiva, a proyectar todo lo que le supone problema o lo que no acepta de si mismo. Finalmente, como ya hemos indicado, se empobrece de modo general la vida psíquica: toda pasión, aunque sea diabólica, contiene energía, y sin energía el ser humano no puede realizar nada. Resultará o correrá el riesgo de ser un ser sin pasiones, pero también sin pasión.
La ventaja del modelo de la perfección es la extrema claridad del proyecto que propone,
de los valores a conseguir y la disciplina a practicar, de la distinción entre el bien y el mal, del proceso metodológico
y de la renuncia inevitable. Esto no es poco.
En todo caso, es un modelo que pertenece al pasado, si bien no está pasado del todo, por todas partes podemos reconocer
en proyectos y prácticas educativas actuales, restos de esta mentalidad. En tiempos de inseguridad y desorientación como
los nuestros, hay quien piensa que
todo se arreglarla volviendo simplemente a este modelo con la claridad que le es propia y la
disciplina que deriva de él.
Pero debemos añadir que, de hecho, este modelo crea serios problemas no solo a nivel psicológico y formativo, como hemos
visto, sino también a nivel de vida espiritual y de una correcta interpretación del mensaje cristiano, corriendo el riesgo
del perfeccionismo y del legalismo. Quien entiende la perfección en términos excesivamente realistas e inmediatos,
privilegiando los comportamientos, se arriesga a caer en el síndrome de la observancia formal, de la ley por la ley,
que el mismo Jesús ha discutido con una especial fuerza y que Pablo siguió atacando con similar pasión; en efecto, la
pretensión de alcanzar la perfección a base de los propios esfuerzos, hace inútil la cruz de Cristo.
Así pues, este modelo no soporta la renovación introducida por el Concilio Vaticano II.
2. MODELO DE AUTORREALIZACIÓN
Este modelo, típico de los años que siguieron al Vaticano II, se comprende situándolo en el contexto y en el periodo histórico en el que surgió, de manera más o menos informal. En efecto, por un lado, supone la inevitable consecuencia del modelo de la perfección o la reacción derivada de él; por otro marca una ruptura muy fuerte respecto al mismo.
¿En qué consiste? En poner, en primer lugar, la propia identidad en los dones y cualidades personales (a nivel físico, psíquico y moral), presumiendo de ser el artífice del propio ser y de sus valores (el tipo que se ha llegado a ser), y en el perseguir la realización de los propios talentos y la capacidad como objetivo primero de la vida y condición y garantía de la autoestima.
2.1 - El Yo al comienzo, en medio y al final
Considerar la autorrealización como el objetivo de un proceso formativo religioso o sacerdotal, en realidad significa transferir al