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Capítulo IV De la pérdida del estado clerical
290 Una vez recibida válidamente, la ordenación sagrada nunca se
anula. Sin embargo, un clérigo pierde el estado clerical:
1 por sentencia judicial o decreto administrativo, en los
que se declare la invalidez de la sagrada ordenación;
2 por la pena de dimisión legítimamente impuesta;
3 por rescripto de la Sede Apostólica, que solamente
se concede, por la Sede Apostólica, a los diáconos, cuando existen
causas graves; a los presbíteros, por causas gravísimas.
291 Fuera de los casos a los que se refiere el c. 290, 1 , la pérdida del
estado clerical no lleva consigo la dispensa de la obligación del celibato,
que únicamente concede el Romano Pontífice.
292 El clérigo que, de acuerdo con la norma de derecho, pierde el
estado clerical, pierde con él los derechos propios de ese estado, y deja de
estar sujeto a las obligaciones del estado clerical, sin perjuicio de lo
prescrito en el c. 291; se le prohibe ejercer la potestad de orden, salvo lo
establecido en el c. 976; por esto mismo queda privado de todos los
oficios, funciones y de cualquier potestad delegada.
293 El clérigo que ha perdido el estado clerical no puede ser adscrito de
nuevo entre los clérigos, si no es por rescripto de la Sede Apostólica.