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Capítulo III De las asociaciones privadas de fieles
321 Los fieles dirigen y gobiernan las asociaciones privadas, de acuerdo
con las prescripciones de los estatutos.
322 § 1. Una asociación privada de fieles puede adquirir personalidad
jurídica por decreto formal de la autoridad indicada en el c. 312.
§ 2. Sólo pueden adquirir personalidad jurídica aquellas
asociaciones privadas cuyos estatutos hayan sido aprobados por la
autoridad eclesiástica de la que trata el c. 312 § 1; pero la aprobación de
los estatutos no modifica la naturaleza privada de la asociación.
323 § 1. Aunque las asociaciones privadas de fieles tengan autonomía
conforme a la norma del c. 321, están sometidas a la vigilancia de la
autoridad eclesiástica según el c. 305, y asimismo al régimen de dicha
autoridad.
§ 2. Corresponde también a esa autoridad eclesiástica,
respetando la autonomía propia de las asociaciones privadas, vigilar y
procurar que se evite la dispersión de fuerzas, y que el ejercicio del
apostolado se ordene al bien común.
324 § 1. Una asociación privada de fieles designa libremente a su
presidente y oficiales, conforme a los estatutos.
§ 2. Si una asociación privada de fieles desea un consejero
espiritual, puede elegirlo libremente entre los sacerdotes que ejercen
legítimamente el ministerio en la diócesis; sin embargo, éste necesita
confirmación del Ordinario del lugar.
325 § 1. Las asociaciones privadas de fieles administran libremente
los bienes que posean según las prescripciones de los estatutos, quedando a
salvo el derecho de la autoridad eclesiástica competente de vigilar de
manera que los bienes se empleen para los fines de la asociación.
§ 2. Conforme a la norma del c. 1301, está bajo la autoridad del
Ordinario del lugar lo que se refiere a la administración y gasto de los
bienes que hayan recibido en donación o legado para causas pías.
326 § 1. La asociación privada de fieles se extingue conforme a la
norma de los estatutos; puede ser suprimida también por la autoridad
competente, si su actividad es en daño grave de la doctrina o de la
disciplina eclesiástica, o causa escándalo a los fieles.
§ 2. El destino de los bienes de una asociación que se haya
extinguido debe determinarse de acuerdo con la norma de los estatutos,
quedando a salvo los derechos adquiridos y la voluntad de los donantes.