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Art. 1 De los Vicarios generales y episcopales
475 § 1. En cada diócesis, el Obispo debe nombrar un Vicario
general, que, dotado de potestad ordinaria a tenor de los cánones que
siguen, ha de ayudarle en el gobierno de toda la diócesis.
§ 2. Como regla general, ha de nombrarse un solo Vicario
general, a no ser que la extensión de la diócesis, el número de habitantes u
otras razones pastorales aconsejen otra cosa.
476 Cuando así lo requiera el buen gobierno de la diócesis, el Obispo
diocesano puede también nombrar uno o más Vicarios episcopales, que, o
en una determinada circunscripción de la diócesis, o para ciertos asuntos o
respecto a los fieles de un mismo rito o para un grupo concreto de
personas, tienen la misma potestad ordinaria que por derecho universal
compete al Vicario general, conforme a la norma de los cánones que
siguen.
477 § 1. El Obispo diocesano nombra libremente al Vicario general y
al episcopal y puede removerlos también libremente, quedando a salvo lo
que prescribe el c. 406; el Vicario episcopal que no sea Obispo auxiliar
debe ser nombrado tan sólo para un cierto tiempo, que se determinará en el
mismo acto de su nombramiento.
§ 2. Cuando esté legítimamente ausente o impedido el Vicario
general, el Obispo diocesano puede nombrar a otro que haga sus veces; la
misma norma se aplica para el Vicario episcopal.
478 § 1. El Vicario general y el episcopal deben ser sacerdotes, de
edad no inferior a treinta años, doctores o licenciados en derecho canónico
o en teología o al menos verdaderamente expertos en estas materias, y
dotados de sana doctrina, honradez, prudencia y experiencia en la gestión
de asuntos.
§ 2. El cargo de Vicario general y episcopal es incompatible con
el de canónigo penitenciario, y no puede encomendarse a consanguíneos
del Obispo hasta el cuarto grado.
479 § 1. En virtud de su oficio, al Vicario general compete en toda la
diócesis la potestad ejecutiva que corresponde por derecho al Obispo
diocesano, para realizar cualquier tipo de actos administrativos,
exceptuados, sin embargo, aquellos que el Obispo se hubiera reservado o
que, según el derecho, requieran mandato especial del Obispo.
§ 2. La potestad de la que se trata en el § 1 compete de propio
derecho al Vicario episcopal, pero sólo para aquella porción de territorio, o
respecto a aquellos asuntos, o fieles de determinado rito o agrupación, para
los que haya sido nombrado, exceptuadas cuantas gestiones el Obispo se
hubiera reservado a sí mismo o al Vicario general, o que según el derecho
requieren mandato especial del Obispo.
§ 3 Dentro de su propio ámbito de competencia corresponden
también al Vicario general y al episcopal las facultades habituales
concedidas por la Sede Apostólica al Obispo, así como la ejecución de los
rescriptos, a no ser que se establezca expresamente otra cosa o se hayan
tenido en consideración las cualidades personales del Obispo diocesano.
480 El Vicario general y el Vicario episcopal deben informar al Obispo
diocesano sobre los asuntos más importantes por resolver o ya resueltos, y
nunca actuarán contra la voluntad e intenciones del Obispo diocesano.
481 § 1. Cesa la potestad del Vicario general y del Vicario episcopal
al cumplirse el tiempo de su mandato, por renuncia, y asimismo, quedando
a salvo lo que prescriben los cc. 406 y 409, por remoción intimada por el
Obispo o cuando vaca la sede episcopal.
§ 2. Suspendido de su cargo el Obispo diocesano, se suspende la
potestad del Vicario general y del Vicario episcopal, a no ser que sean
Obispos.