Monasterio de Santa Ana


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Presentación

JORNADA MONÁSTICA


foto de la Madre Abadesa
foto de la Virgen María
foto de elaboración de una pieza de cerámica


N

uestra vida comunitaria se nutre principalmente del Evangelio, y especialmente la vida y doctrina de Cristo. En una búsqueda continua de Dios a través del Oficio Divino, la oración personal y el trabajo personal, todo ello vivido en los claustros del Monasterio.









HORARIO

5:30 Oficio de lecturas y oración personal.
6:45 Lectio Divina.
7:30 Laudes.
8:10 Capítulo
8:30 Tercia y Santa Misa.
9:30 Trabajo
12:45 Sexta
13:00 Comida y descanso
14:15 Recreación.
15:00 Nona
15:15 Trabajo
18:10 Vísperas y oración personal.
19:00 Cena
20:00 Lectura y Completas




19400 BRIHUEGA (Guadalajara)
Tel. 949 - 280 045
Fax: 949 - 280 627
e-mail: monasterio@cisterbrihuega.org





PRESENCIA CISTERCIENSE EN BRIHUEGA


foto del monasterio original
F

undado en 1615, es el único que en la actualidad permanece en Brihuega. Su fundador, Juan de Molina, fue un noble acaudalado de Alcalá de Henares, que residía en Brihuega. Las primeras religiosas que poblaron el convento fueron sor Francisca de San Bernardo, abadesa, sor Isabel de San Bernardo, priora, y sor Escolástica de la Asunción, subpriora, procedentes del monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, a las que se unieron sor Melchora de San Lorenzo, hermana del fundador y Sor María de San Roberto. A su llegada a Brihuega, el convento, que se estaba edificando en terrenos de D. Juan de Molina, estaba sin terminar, por lo que se les habilitaron unas casas del pueblo hasta que fueron terminadas las obras. Al morir su fundador, que fue enterrado en el presbiterio de la iglesia del convento, quedó como patrona del monasterio su mujer, Ana Coronel de Albornoz, natural de Brihuega. Los distintos herederos en los que fue recayendo el patronazgo del convento ya no residían en Brihuega, lo que fue originando con el tiempo una gran dejadez en sus derechos y funciones. El patronato del convento llegó a tener abundantes posesiones entre fincas rústicas y urbanas, un horno de pan y diversos censos monetarios, pero fueron muy mal administrados, llegando a tener varios años de retraso en el cobro de rentas a finales del siglo XVIII. Durante la Guerra de la Independencia, se trasladó la comunidad al vecino pueblo de Malacuera por temor a los soldados franceses, y a su regreso comprobaron que éstos habían desmantelado el archivo y robado todos los objetos de valor, excepto las pinturas de los retablos. Con la llegada de las leyes desamortizadoras de Mendizábal en el siglo XIX, el patronato se vió inmerso en graves problemas económicos, ya que le fueron enajenados todos sus bienes, hasta el punto de que Dª Nicasia y Petra Rodríguez Mendarosqueta y de la Cerda, descendiente de los anteriores patronos, tuvo que ser acogida a la caridad de las monjas, quienes también se vieron despojadas de todos sus bienes. El 5 de septiembre de 1877 debido a una fortísima tormenta, una gran avenida de agua asoló el pueblo a su paso, alcanzando más de un metro de altura en algunas calles. Sobre las cuatro de la tarde, se vieron las monjas en la obligación de pedir auxilio tocando la campana de la iglesia y a gritos desde las ventanas, ya que el agua, que les entraba desde la huerta, había alcanzando dos metros de altura en algunas habitaciones. Auxiliadas por los vecinos, fueron sacadas del convento junto con cerca de sesenta niñas que allí asistían a clase, y trasladadas al vecino convento de monjas jerónimas, donde tuvieron que permanecer hasta enero del año siguiente, una vez terminadas las reparaciones. El maestro de la obra fue Santiago Retuerta, como se consignó en una losa puesta sobre el arco de medio punto que daba entrada a la iglesia en su parte inferior. El siglo XX supuso una dura prueba para las religiosas. En el año 1912 adoptaron las Constituciones de la Orden del Cister por las que han venido rigiéndose hasta nuestros días. Con la llegada de la 2ª República y la supresión de los colegios religiosos, se vieron privadas las monjas de los escasos ingresos que éste les producía. Durante la guerra civil se dispersó la congregación hasta su finalización. Cuando regresó parte de ella, se encontraron con un convento casi inhabitable por haber sido utilizado como almacén y deposito, que fueron reconstruyendo desde diciembre 1939 hasta marzo 1940.



ESTRUCTURA DEL ANTIGUO MONASTERIO


S

u planta principal era en escuadra y ocupaba el ángulo la iglesia, única parte que tuvo algún interés monumental. Constaba de una sola nave, con la capilla mayor levantada del suelo. Su ornato arquitectónico era muy sencillo y consistía en un resalto y molduras de yesería. El techo de la bóveda era de medio cañón y cornisa. Un arco profundo contenía el retablo principal que, como los dos laterales, correspondía al orden corintio con columnas estriadas, frontoncillo roto y dorados y estofos del gusto de la época (primera mitad del siglo XVIII).

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l centro del retablo principal estaba ocupado por una pintura de autor desconocido que representaba a la Virgen, el Niño, San Joaquín y Santa Ana (de cuya advocación es el convento) y delante a San Bernardo en actitud orante. El retablo lateral del lado de la epístola estaba ocupado por un cuadro que representaba a Santa Catalina Virgen y Mártir. En él se leía la fecha de 1623 y estaba firmado por Luis Tristán. En el zócalo del retablo había dos pequeñas tablas pintadas de menor mérito. En el retablo de enfrente había otro lienzo que representaba a San Jorge, sin fecha ni firma y de menos mérito que el anterior. Ambos retablos fueron donados por D. Jorge Pérez de Molina, refitolero de la iglesia toledana durante veinticinco años, según rezaba en una inscripción pintada al óleo y decorada con un escudo de armas. Existía un retrato suyo junto al retablo de San Jorge, en el que aparece de medio cuerpo, vestido con ropilla negra y gola. Encima tenía un letrero en el que se leía: Aetatis suae 51 Año 1603. En el centro de la nave de la iglesia estaba su sepultura cubierta con una lápida de mármol en cuya parte inferior estaba su escudo: un castillo cuya puerta está sobre media rueda de molino y tres flores de lis, todo con orla de aspas; encima de estas armas se leía :

AQUI YAZE SEPVLTA
DO JORGE DE MOLI
NA REFITOLERO QUE F
VE DELA STA YGLESIA DE TOLE
DO FALLECIO EN ALCA
LA L 14 DE OCTVBRE ANO DE
1623

E

n el al lado del Evangelio de la capilla mayor estaba el sepulcro del fundador, D. Juan de Molina, que constaba de una estatua de tamaño natural, arrodillada y orante, con una lápida de mármol negro, en cuyo centro aparecía el mismo escudo antes mencionado y una larga inscripción laudatoria en la que se decía que allí estaba sepultado Juan de Molina, varón insigne que fundó y dotó este monasterio de bernardas recoletas con título de Santa Ana como había fundando el convento de Franciscano de la villa: fue refitolero de la iglesia de Toledo y falleció a 24 de Diciembre de 1629 a la edad de 96 años. La estatua era de alabastro, llevaba ropilla, gregüescos y gola y la cabeza estaba esculpida con acierto. Al derribar la iglesia en 1969, la lápida con la lauda fue trasladada al nuevo convento, pero al permanecer desde entonces a la intemperie en el cementerio monacal, está casi totalmente deteriorada. La estatua orante fue trasladada a Madrid durante la guerra civil.

P

asaron por muchas vicisitudes y tragedias a lo largo de casi cuatro siglos; en la guerra de la Independencia, fueron despojadas de gran parte de las obras de arte y terrenos; en el 1835 la ley de Desamortización de Mendizábal dejó a la Comunidad en ruina. En el año 1936, cuando estaban superando la pobreza extrema a la que fueron reducidas, fueron expulsadas todas las monjas. En el 1966 tuvieron que abandonar el Monasterio declarado en ruina.

L

a Comunidad la constiuímos 12 Hermanas, la Abadesa se elige cada seis años, pudiendo ser reelegida cuantas veces la Comunidad lo crea conveniente y la interesada acepte. La misión de la Abadesa es la de servir, la de ser una Hermana más entre sus Hermanas, también la de orientar y acompañar espiritualmente con las enseñanzas de la Regla de San Benito, y desde la Palabra de Dios.

N

uestro trabajo manual está centrado en la elaboración de piezas de cerámica.








Nuestra Comunidad Cisterciense ofrece:

- Una pequeña hospedería de tres habitaciones.
- Un espacio para la oración.
- El deseo de compartir nuestra liturgia con nuestros hermanos.
- Un espacio para quienes buscan serenidad, soledad y trascendencia
- Una oportunidad para quienes desean descubrir el sentido de la vida monástica.